Orejas para los novilleros y aplausos para los novillos en Villarejo de Salvanés

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La séptima novillada del Certamen de la Ribera del Tajuña se celebró en Villarejo de Salvanés con motivo de sus Fiestas Patronales. Se presentó un cartel en la que aparecían anunciados los jóvenes Miguel Polope de la Escuela de Valencia, Marcos del Rincón y Guillermo García de la Escuela José Cubero “Yiyo”, que se encargarían de estoquear a los erales de la ganadería de San Isidro de Raúl Tenorio. Las reses tuvieron una marcada querencia a tablas, por los que había que marcarles muy bien lo que se les quería hacer y dejarles la muleta en la cara para evitar que estos se desligaran. Cabe destacar que fue una tarde de orejas en las que los jóvenes realizaron un gran esfuerzo por mantener a los novillos en los terrenos propicios para torearles.

Abría el festejo Miguel Polope, quien realizaría un saludo capotero a un novillo despistado que colocaba la cara y remataba. El quite lo realizó Marcos del Rincón, empezando con un lance desafortunado en el que se echó al novillo encima. Tras brindar al público comenzaba la faena a manos juntas para tantear por ambos pitones, quedando descubierto. En esas primeras tandas mostraba celo y fijeza en el engaño de Polope, tras haberle probado lo cogió por el pitón derecho dejándole la muleta puesta ligando los naturales y llevándolo por abajo. Sin embargo, el eral tenía una marcada querencia a tablas y Miguel tenía que sacarlo continuamente. Respondía bien al dejarle la franela en el hocico para llevarlo por lo vuelos alargando los naturales hasta cerrar la tanda empleando las cortas distancias. Concluyó por manoletinas muy ajustadas para después colocarlo en suertes, algo que le costó pues no paraba y seguía tan ausente como al principio, finalmente dejó una estocada trasera, caída y tendida que le llevaría hasta el sexto golpe de cruceta. Marcaba el ecuador un novillo al que Polope fue templando poco a poco pero sin terminar de romper. La faena de muleta la iniciaba genuflexo mientras le tanteaba llevándole a los medios, después se decidió por el pitón derecho, pitón por el que el eral seguía bien los engaños, humillando aunque requería que le sometieran y exigieran por abajo, pues si se le obligaba el morrillo iba lindando el albero de principio a fin. Con buen criterio Miguel le dejaba tiempo para que el animal aguantara más muletazos por tanda, con la mano izquierda cabeceaba algo más saliendo descompuesto y costándole más entrar en la franela reduciendo el ligazón. Había que guiarle con los extremos del engaño y no quitarle la muleta de la cara para evitar los cabeceos y la modificación de su embestida. Intentó realizar un desenlace en condiciones, pero el eral ya no quería tela, peor aún fue en la suerte suprema, en la que pinchó para que después dejara una estocada ligeramente contraria con la que el animal doblaría.

El segundo de la tarde salía recorriendo la plaza y rematando en tablas, Marcos lo paró en un saludo capotero en el que se encelaría repitiendo, mientras lo llevaba por abajo hasta los medios, donde le remataría. Genuflexo y probándole iniciaba la faena hasta sacarlo de la querencia, lo importante es que no perdiera la fijeza ni se desligara, así que con tandas templadas, lentas y suaves lo llevaba dejándole la franela en el morrillo. Aun así mantenía su querencia, huyendo en cuanto tenía oportunidad, motivo por el que había que ganarle el paso y llevarlo cosido. Tanto intentó dosificar las embestidas del animal que ralentizó la faena perdiendo la continuidad. El eral humillaba y era pronto obedeciendo a las exigencias, algo más complicado fue la elección de terrenos, pues alejado de tablas, paralelo a ellas y con la mano izquierda enganchaba los naturales hasta conseguir tandas bien rematadas, pero sin transmisión. Cerró con una tanda costosa por la mano derecha, por último, hundió el acero algo caído y trasero pero con el que fue suficiente. El segundo de su lote parecía tener algún problema de visión, al que se le realizó un saludo capotero tardío y airoso. El tercio de banderillas fue uno de los peores de todo el certamen, pues el eral llegó a tener un palo en la nuca. Empezaba la faena llevándolo por abajo hasta sacarlo a los medios, la siguiente tanda se desarrolló por el pitón derecho, saliendo de algunos de los naturales roto, si quería faena era necesario tirar de él y marcarle las pautas de los muletazos. Muy despacio y ganándole la distancia consiguió que no tocara la tela, de este modo redujo los cabeceos secos y deslucidos. A pesar de ser un animal despistado, el astado acudía al incite sin emplearse demasiado ni humillar, así que Marcos lo intentó todo por domeñar la embestida. A la faena le faltó ese punto de transmisión y emoción necesaria para el toreo, más allá de su empeño. Finalizó por manoletinas para que después dejara en suerte natural una estocada algo trasera pero efectiva.

Guillermo García lo recibió en su capote con tres largas afaroladas de rodillas, en las que al primer intento perdería la tela. La faena de muleta se iniciaba pasándoselo de un lado para otro hasta sacarlo de las tablas, hacia las que rápidamente huía. Era un novillo al que fue necesario guiarle con el brazo y se lo llevase evitando que este perdiera de vista el engaño y desluciera la faena. Enroscado y bajando la mano iba domeñando la embestida, la cual era clara y estructurada en el inicio y en la mitad del natural, pues cuando perdía de vista la franela soltaba la cara de una forma seca hacia fuera. Por ello aunque no lo toreara en los medios logró unas tandas logradas en las que el astado atendía al incite del toque fijador, pero al que no se le podía pasar de naturales, ya que se quedaba sin fuerza, soltando la cara y sin mucho interés en la muleta. Al final del último tercio solo atendía por el pitón izquierdo, pues por el derecho se negaba a entrar en la franela. El acero lo dejó perpendicular, lo que atravesaría al astado, pero con la que sería suficiente. Cerraba la tarde un eral al que le costó fijarse en el saludo capotero de Guillermo. Se dirigió a los medios y brindó la  muerte del animal, para después recibirle en la muleta a pies juntos mientras se lo pasaba por ambos pitones. Toreando con la mano derecha lo llevó por abajo dándole espacio y tiempo para que se recuperara y se encelara en los engaños, llevándole despacio y con desmayo alargando con los vuelos de la muleta el recorrido hasta el final dándole salida y continuidad. Con la mano izquierda el novillo respondía bien siguiendo los engaños, humillando y planeando en la tela hasta configurar tandas de mucha técnica y temple que acabaron calando en los tendidos. Con buen criterio Guillermo le dejaba respirar, dosificando sus fuerzas, controlando cada natural, sin excederse ni exigir algo con lo que este no pudiera responder. El novillo fue uno de los mejores de la tarde, obedeciendo y embistiendo hasta el último muletazo en cada lance, lo que no evitó algún que otro susto. En suerte contraria dejó una estocada en lo alto que lo degollaría.

Plaza de toros de Villarejo de Salvanés (M). Algo más de media entrada. Ejemplares de la ganadería de San Isidro que dieron juego si se les sometía por abajo y no se les retiraba el engaño del morrillo. Miguel Polope: silencio tras aviso y oreja. Marcos del Rincón: oreja tras aviso y oreja. Guillermo García: oreja tras aviso y oreja tras aviso.

  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

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