Un aurresku acompañado de una calurosa ovación recibió Padilla en los instantes previos a su despedida del coso bilbaíno. Desigual fue la pelea en varas del primero de Domingo Hernández que puso el freno en banderillas y, allí, nadie era capaz de poner los palos. Eterna se hizo su lidia, la capea que en el ruedo se presenció parecía ser la continuación del bochornoso espectáculo que protagonizaron los «cuvillos». Ni por donde meterle mano sabía ‘el Pirata’ que brindó de manera incomprensible su muerte entre los pitos de algún entendido. Vacío estaba «Marquesito» y reservado fue su comportamiento. ¿La faena? Pues eso. Nada. Ni uno ni el otro. No alargó Padilla la fría y atípica faena.

Metido en la tarde se vio a Juli desde su recibimiento al segundo ejemplar. Él sabía que había que calentar al ambiente sin demorarse más y lo consiguió con un quite por chicuelinas de mucha personalidad. Sabio manejo del capote ante un animal brusco y a la defensiva. No había casta en su fondo y eso lo acusó pronto en la muleta del madrileño. Camino de otro desastre ganadero iba la tarde y los fantasmas del día anterior volvían a aparecer. Con un volapié marca de la casa resolvió la suerte suprema El Juli. A su manera toreó también Manzanares al primero de su lote, un toro manso y sin entrega que, además, terminó rajado en el último tercio. Una tanda con la diestra a mitad de faena parecía levantar aquello, le sometió por abajo el alicantino pero fue en ese momento cuando el astado buscó la salida. Nunca quiso definirse el de Domingo que navegó entre la incertidumbre y el deslucimiento. Hoy sí le funcionó la tizona a Manzanares y la ovación parecía clara con su efectividad. Un titán parecía Padilla con el capote. Dos largas cambiadas en el tercio rematadas con un conjunto de chicuelinas y delantales animaron Vistalegre en un recibimiento lleno de variedad y disposición. Quería devolver el ‘Pirata’ todo el cariño pero la escasa duración del toro no se lo puso nada fácil. Se dejo llevar el respetable ante la emotividad de las circunstancias y una faena mediocre le permitió cortar una oreja. Menos justificación tuvieron los aplausos al desfondado cuarto. Lo dicho, Bilbao se dejo llevar sin el conocimiento que si uso Padilla para conquistarles. Muletazos cortos y recursos finales ayudaron a triunfar en su última comparecencias en el coso bilbaíno.

No iba a quedarse atrás El Juli que sacó toro de donde nadie lo veía. Expresión de entrega reflejaba la figura del matador que supo combinar el poder en los muletazos con el suave trato al animal. Como si se tratase de un mutuo acuerdo embistió el de Garcigrande -noble con sus teclas- por el pitón derecho, una dulce mezcla como resultado de la inteligencia del espada. Al compás de la música, sin abusar de los tiempos. Dejándolo a su aire lo toreó el de San Blas que lo probó sin excesivo empeño -más protestón- al natural. El acierto de quien es capaz de vislumbrar la condición de su oponente antes del desarrollo de los hechos. Volvió a la diestra El Juli para cerrar una importante faena con otra tanda de temple y limpieza que permitió que el recorrido del astado fuera a más. Un pinchazo en lo alto robó esa oreja de ley que en el ruedo se había ganado. Otro mundo totalmente distinto al resto del encierro fue el cierra-plaza. Pronto, alegre y humillando en la muleta de Manzanares. Buen aire tuvo también en los primeros tercios el castaño de Garcigrande que salvó en el descuento a su hierro. No fue el toro fácil que muchos esperan de este tipo de ganaderías, enrazado embistió el animal que se entregó y exigió un carnet que pocos tienen. Ni Manzanares lo supo defender. Por encima le pasó «Bochinchero» al diestro alicantino en una faena con ganas pero sin el mando necesario para dominar unas embestidas tan profundas. Toros así no se le pueden ir a una figura y menos en una plaza y feria como Bilbao. El fallo con la espada confirmó la falta de rumbo de su temporada. Mañana será otro día.

Plaza de Toros de Bilbao. Quinto festejo del abono. Más de media plaza. Toros de Garcigrande y Domingo Hernández, sin fondo ni casta. Juan José Padilla: silencio y oreja. El Juli: silencio y ovación con saludos. Manzanares: ovación con saludos en ambos. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: EL JULI

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