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Desfondada corrida de Cuvillo en Bilbao

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De torero a doctor se transformó una tarde más el maestro Ponce. Con las manos por delante salía el primer sobrero de la tarde en Bilbao, un «Cuvillo» de fondo similar al inválido abre-plaza. Una tanda de ayudados por arriba aguantó el ejemplar que cayó sin fuerza entre la desesperación y enfado del respetable. Aunque bueno, como la gente no viene a ver toros, sólo a los toreros, no le habrá preocupado al ganadero. Bendita ignorancia la suya.

Uno, dos… Y hasta tres inválidos salieron en apenas unos minutos en Vistalegre. Pagó Manzanares la decisión del Presidente de pasar por alto las nulas fuerzas del animal y la faena trascurrió con más cuidado que efectividad. Tampoco tuvo duración claro, todo sucedió hasta que el deslucido astado volvió a caer obligando al matador a hacer uso de la espada. La tarde caía sin freno y la esperanza se puso de lleno en el torero peruano. Cambiados por la espalda abrieron su faena pero la aceleración de los muletazos hizo caer al flojo «Cuvillo». Un gesto de preocupación se apreció en el rostro del espada que decidió sacárselo a los medios para torearlo allí, a su altura. A su medida. No hubo toques bruscos, el temple encontró la tecla y la faena surgió de la nada. Pero sin la emoción de un toro en plenas condiciones -para la lidia- aquello pierde valor. No mérito, que lo hubo y mucho. Nobleza tenía para dar y regalar el serio astado que siguió sin fuelle alguno la muleta de Roca Rey. Pocos reproches se le puede poner también a la colocación del matador, por delante y dando el pecho en todo momento fue imponiéndose en una faena que cerró con un previsible arrimón. Volver a meter al público en la tarde fue el ‘triunfo’ del diestro y Bilbao se lo devolvió con una cariñosa ovación.

Arrebatado y con la inteligencia que acostumbra tener, lo citó Ponce al noble cuarto. No le apretó en el inicio y ese planteamiento le vino bien al toro. Daba igual que no humillara, el toreo a media altura del de Chiva le sirvió para cuajarlo por ambos pitones. Aprovechó el torero la movilidad sin entrega del ‘Cuvillo’ que acabó buscando la salida a tablas. No faltó nada a la labor muletera de Ponce: el pase de las flores, la ligazón de las tandas y la poncina de cierre. Una historia sin final. O mejor dicho, sin triunfo. Buscó rematar la faena con una estocada en lo alto pero la raza con la que se tiró a matar no fue suficiente para que cayera el variado animal. Visible fue el enfado del matador que selló otra de sus obras sin el reconocimiento que cualquier artista busca tener en un ruedo. Mismo final, aunque con distinto contenido, tuvo la actuación de Manzanares. Ni ‘pizca’ de casta tuvo el quinto de un encierro para olvidar. Hasta la espada le falló al torero de alicantino.

Un castaño manso y sin fijeza cerraba la tarde en Bilbao. No iba a ser fácil meter en vereda al complicado animal y todo estaba en las manos de Roca Rey. Al público brindó su muerte y a los terrenos que el toro quiso, él se fue. Pero el astado estaba rajado y ni los estatuarios de inicio lograron fijar a su oponente. Un suspiro del ganadero reflejaba la decepción de la corrida. Si la de ayer fue ‘mala’ según algunos, ¿esto? No tiene adjetivos.

Plaza de Toros de Bilbao. Cuarto festejo del abono. Más de 3/4 de entrada. Toros de Núñez del Cuvillo, inválidos y desfondados. Enrique Ponce: silencio y ovación con saludos. Jose Mª María Manzanares: silencio en ambos. Roca Rey: ovación con saludos y silencio. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: @2grober

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