Torrestrella pone el listón alto en Bilbao

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A nadie mentiría si decimos que Bilbao es una plaza seria como pocas en el circuito taurino. Seria es su personalidad y serios son sus toros. Así ha sido siempre. Demasiado ‘azul’ había en los tendidos bilbaínos para disfrutar de un cartel de jóvenes con más futuro que tirón en la taquilla. Era tarde para apostar y Román, con más ‘cojones’ que medio escalafón, no dejó de tragar con el duro y peligroso primero de Torrestrella. Lo intentó el valenciano que trató de meterle en la muleta con colocación y mucho valor, pero sin éxito debido a que el complicado astado nunca quiso entregarse al completo. Derrotes secos hacia el cuerpo del matador, miradas que amenazaban con acabar con su presa. Pero su oponente no era un ‘cualquiera’. Era un torero de los pies a la cabeza. De esos que no se amedrentan a pesar del riesgo. Román se puso y no se quitó, quiso ganar la batalla y triunfó. Lo mató de una media estocada tras ser ‘cazado’ por el animal, duro, con genio hasta su final. Tardó en echarse el ‘Torrestrella’ y la afición se enfrió con el mermado espada. Si fuera otro… Dos tandas tuvieron que pasar para que Caballero pudiera colocarse delante del áspero segundo. La falta de rodaje del torero se encontró con las peores circunstancias posibles: un toro con fuerza, exigente y de difícil condición. No fue bueno el burraco -manso en varas- pero tampoco buscó poderle el torero. Lo pagó Caballero y el respetable se puso de parte del toro. Más toristas que toreristas. En ese cauce iba la tarde.

Precioso era ‘Pelolargo’, una lámina entre las luces y sombras del albero. Aroma de torería desprendieron los galleos por chicuelinas de Luis David para colocar al astado en el caballo. Rivalidad hubo también en el duelo de quites con Román pero las ‘lopecinas’ del mexicano hicieron decantarse a Vistalegre por la templanza de sus formas. Un horno era aquello y el brindis al respetable era sinónimo de la buena conexión entre ambas partes. A los medios se fue Adame para cambiárselo por la espalda entre el run-run de los allí presentes. Su intención lo decía todo y el planteamiento era de esperar. Acelerado lo toreó por el pitón derecho tras ver el buen aire del ‘Torrestrella’. Era toro para gozarlo con temple y suavidad. Para maquillar su falta de empuje en ciertos momentos con las teclas de la colocación. Luis David apostó por la modernidad, por el toreo de ritmo sin mando. El que olvida acoplarse al toro. Y cuando no hay ajuste, la faena no rompe. Los detalles sellados con la diestra se apagaron con la poca rotundidad al natural del torero. Bilbao lo pasó por alto y el uso de ciertos recursos le sirvió para mantener el interés. Favorecido por la eficacia de su estocada -recibiendo- Adame conseguía cortar la oreja del interesante astado. Ovación fuerte la que se llevó el de Álvaro Domecq. Le dolió a Román no haber cortado un trofeo al abre-plaza y se notó en su actitud con el cuarto del festejo. Otro toro con opciones fue este y poco entendimiento hubo por parte del matador. Tras cumplir con nota en el caballo, el torero le ‘ahogó’ sin darle distancia en la muleta. Mejor tarde que nunca Román se dio cuenta del buen pitón derecho y lo cuajó con más ligazón que poder. Nunca le faltó valor, ni con este ni con el primero, pero el ansia por el triunfo le impidió asentar la cabeza. La colocación caída y trasera de la espada provocó que la petición fuera más un sueño que una realidad. La ovación para toro y torero si hacían justicia. Lo merecían.

Con remate pero menos descarado de cara salió «Quisquilloso», un ejemplar con movilidad pero al que le costó humillar en la muleta de un frío y soso Caballero. Le vino grande la tarde y no es la primera vez. Pero las amistades mandan. No dejó de moverse el de ‘Torrestrella’ al que había que apretar y someter para que rompiera; chispa tenía y no se aprovechó. De un fuerte dolor en el hombro se quejó el diestro tras un pinchazo en lo alto y los pitos le acompañaron hasta la enfermería. Exigente se mostró Bilbao que ovacionó con fuerza al sexto y último toro, impecable de presencia y notable su trapío. Todo comenzó con unas verónicas de trazo largo de Luis David, ayudó la eficacia de Bernal sobre el caballo y calentó el ambiente la rotundidad con los palos de Miguel Martín. Los estatuarios en el tercio precedieron a una faena ‘pesada’ en duración y vulgar en contenido. Se perdió la cuenta del número de tandas que Adame ejecutó, ni el tiempo que estuvo delante del variado -faltó mayor fondo dentro de sus opciones- animal. Frío estaba Vistalegre y, a pesar de ello, el mexicano se atrevió con unas manoletinas de cierre. Con todo se tiró a matar el torero pero aquello no caló en el respetable. El toro volvió a tener más lucimiento del que nos mostraron y la importancia de la corrida no pasó desapercibido. «¡Esto es la Fiesta!», así definió el ganadero al interesante encierro lidiado en Bilbao. La afición le obligó a saludar al final del festejo.

Plaza de Toros de Bilbao. Tercer festejo del abono. Menos de media plaza. Toros de Torrestrella, bien presentados y de buen juego en líneas generales. Román: ovación con saludos en ambos. Gonzalo Caballero: silencio en ambos. Luis David Adame: oreja y ovación con saludos. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: @DavidCastuera

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