Perales de Tajuña y sus Fiestas Patronales acogieron la quinta novillada sin picadores del Certamen de La Ribera del Tajuña. Esta vez el cartel lo componían los novilleros Álvaro Alarcón de la Escuela de Toledo, Diego García de la Escuela de Colmenar Viejo y Miguel Aguilar de la Escuela Citar de Guadalajara y la ganadería de Quintas Toros. Miguel Aguilar, entró de imprevisto en la terna, pues sustituyó a Jesús Cuesta por lesión, Miguel fue el único en tocar pelo en toda la noche. Los novillos sacaron a relucir su procedencia de Santa Coloma, aprendían rápido y casi nunca a mejor, salían con genio sin derivar en bravura, con una marcada querencia y difíciles de someter. Los novilleros ante las circunstancias vieron mermado su empeño en domeñar a los erales.

Abría la noche un novillo que salía de chiqueros recorriéndose la plaza para continuar suelto y paseándose como si nada en el saludo capotero que realizó Álvaro Alarcón. El toledano salió a brindar a los medios para después citarle desde la lejanía y aprovechar la inercia, pero el eral apretaba hacia las tablas y llevaba la cara a media altura, razón por la que después de tantearlo se decidió por la mano derecha, y la muleta baja dejándosela en la cara. El astado era buscón, reservado y sin excesiva fijeza, por lo que requería sometimiento, incites marcados por voz y toque fijador, de este modo los vuelos de la franela marcaron el inicio y final de los muletazos. El animal intentó hacerse el dueño de la situación pasando cuando se le antojaba y obligando a Álvaro a medir al milímetro lo que este requería, pues se metía hacia dentro consecuencia de su embestida desestructurada y sus salidas con la cara alta sin conseguir la humillación ni ligazón precisa. Lo colocó en suertes y lo intentó matar a recibir sin éxito, pues el eral no se cuadraba y no paraba, lo que condujo hasta una estocada caída pero exacta en el tercer intento. Álvaro medía en los primeros lances de recibo al quinto de la noche, el cual salía suelto sin emplearse en exceso. Genuflexo y probándole iniciaba la faena, continuó por el pitón derecho dejándole la franela puesta, dándole sitio y llevándole a media altura. De nuevo la voz y el toque fijador volverían a ser uno de sus mejores aliados, pues así captaba la atención del astado en busca de la humillación y continuidad. De hecho el animal intentaba hacer hilo, por lo que había que marcarle bien cuando tenía que entrar en la tela. La embestida fue algo más clara al inicio de la faena, pues según avanzaba este se desligaba y modificaba su recorrido. Totalmente ajeno al último tercio Álvaro desarrolló una faena más que correcta pero sin transmisión en los tendidos, sin nada más que añadir lo intentó colocar en suerte intentando matar recibiendo para que posteriormente dejara una espada tendida y algo trasera con la que este doblara.

Diego García, era el segundo de la terna y realizó un saludo capotero templado a un eral que empezaba a humillar y a quedarse prendido de la tela. Fue un astado protestón en los tercios previos, pero la faena Diego la iniciaría genuflexo hasta llevarlo a los medios, donde con la mano derecha elaboró buenos naturales llevados cerca del suelo sin alejar la franela del morrillo. Atendía a las medias y cortas distancias, además obedecía al someterle, planeando siguiendo bien los engaños, dotando la faena de continuidad. El último tercio se desarrolló mayoritariamente por el pitón derecho, dado que el astado estaba dotado de mayor recorrido y acudía al incite sin dificultades. Intentó desentenderse de la franela pero la continuidad y el esfuerzo del novillero configuraron una faena templada en la que ambos se compenetraron permitiendo el lucimiento con un buen desenlace. En la suerte suprema el animal no paraba, así que intentó matarlo a recibir hasta en tres ocasiones dejando un estoque algo trasero que lo atravesó, acabando con él en el golpe de cruceta. Al segundo de su lote lo redimió en un saludo capotero templado. Calmado y pausado esperaba que el astado entrara en la muleta y empezara la faena. Comenzaba genuflexo hasta sacarlo de tablas, para que a pesar de los cabeceos y su embestida irregular, el eral se dejara llevar siguiendo los derechazos. Diego supo comprender las necesidades de su contrario, así que lo llevó templado con la mano baja y la franela en la cara, desarrollando así tandas ligadas y bien estructuradas con las que caló en el público. El animal cumplía mejor las exigencias por el pitón derecho, por lo que optó por desarrollar la faena a base de derechazos. Se dejó “domeñar” permitiéndose el desplante. No se extendió más, así que cerró por manoletinas para después pinchar en cinco ocasiones, dejar un pinchazo hondo poco efectivo y una definitiva media estocada.

Miguel Aguilar recibió en su capote a un novillo con genio, al que templó y dejó encelado en la tela. Tras brindar la muerte del eral inició la faena de muleta para tantearle brevemente genuflexo. Empezó la primeras tandas y quedaba latente la carencia de fuerza, por lo que no se le podía exigir por abajo, razón por la que optó por guiarlo a media altura con los vuelos de la franela alargando su recorrido y aumentando la continuidad hasta llevarlo cosido. Despacio y respetando el tiempo entre tandas el astado obedecía, colocando la cara dejándose domeñar. El mexicano no pudo evitar que este comenzara a volverse rápido y le buscara, por ello cuando se topó con el cuerpo del joven le derribó. Sería por el pitón derecho donde con sitio y temple el animal humillaba y se dejaba someter alargando su salida, llegando a los compases finales permitiéndose los adornos y desplantes. Concluyó con un acero algo perpendicular, delantero y caído, pero suficiente para que doblara. Salió el último de la noche y Miguel lo recibió obligándole por abajo y obteniendo buena respuesta. El eral tenía una marcada querencia, por lo que el novillero no dudó en recibirlo en la muleta con la rodilla flexionada y sacarlo rápidamente a los medios. El animal entraba con fuerza en la franela pero suelto y llevando a Miguel hacia las tablas. Repentinamente decidió aparecer un enemigo más, el viento, lo que no ayudó en la labor de marcar las distancias, obligarle a humillar y abrirle evitando que se cerrara. El eral era tardío, corto de recorrido y muy exigente, por lo que era necesario cruzarse, someterle por abajo y con el extremo de la tela, para que se centrara en la faena y no en Miguel, pues medía y calculaba, provocando algún que otro susto. No fue una faena para el lucimiento, aun así la supo construir y estructurar. Las últimas tandas se desarrollaron en la querencia, donde cada vez apretaba más, así que tiró de torería y mano izquierda para ponerse al mando de la situación. En suerte contraria dejó un pinchazo, una estocada escasa y rematándole con el descabello mientras esperaba adornándose con sutiles abaniqueos.

Plaza de Toros de Perales de Tajuña (M). Quinta novillada sin picadores del Certamen La Ribera del Tajuña. Con la plaza prácticamente llena. Novillos de Quintas Toros, de escaso juego y difíciles de llevar. Álvaro Alarcón: silencio tras aviso y silencio en el segundo. Diego García: un aviso y vuelta al ruedo en su primero y silencio tras aviso en el segundo. Miguel Aguilar: oreja y silencio.

  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

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