Despistado salió el primero de Victorino en Bilbao mientras su oponente, el diestro Manuel Escribano, le esperaba con las rodillas clavadas en el albero. No se dio por vencido el sevillano que desde el inicio de la lidia cuidó y entendió al flojo cárdeno. Flojo por no decir inválido puesto que el segundo puyazo no llegó ni a lo que en ocasiones se considera un trámite. Le vinieron bien los tiempos al de Victorino en banderillas para que este se repusiera de esa visible falta de fuerzas. Una esperanza que pronto se apagó en la muleta de Escribano a pesar de la suavidad con la que inició la intermitente faena. Altibajos provocados por la exigencia del toro de llevarlo a media altura y sin toques bruscos; así lo toreó el matador que, además, buscó el lucimiento de muletazo en muletazo. No tenía mal fondo el abre-plaza que con codicia y cierta nobleza trató de seguir los vuelos de muleta. Lo intentó sin éxito claro porque sin fuerza la bravura no tiene importancia y Escribano pagó ese defecto. El de la mediocridad que te invade cuando la condición del toro no es la adecuada para la lidia. Dormido embestía el asaltillado segundo que parecía haber gastado todo el gas en el capote de un voluntarioso Fortes. Las miradas esperaban con ansia un golpe de atención del torero y olvidaron ponerse en la piel del malagueño para entender lo que allí se estaba haciendo. Ni un ‘pero’ se le debía recriminar al de luces que sin engaños ni mentiras toreo a placer y con mucha pureza al deslucido cárdeno. Al natural aprovechó las pocas virtudes que ofreció el ejemplar y ¡que fácil hizo lo difícil! Componer la figura sin perder las ganas y la profundidad de su concepto. Así toreó Fortes en Bilbao y con una estocada en lo alto confirmó su buen estado de forma.

Bajando la mano y en la distancia corta arrancó Lorenzo su presentación en Bilbao. Era su primer «victorino» y el temple que impuso con la mano derecha en las primeras tandas hizo que la afición bilbaína se olvidará de ello. Le apretó el joven toledano y el astado respondió con humillación y chispa. Mayor mando exigía por el pitón izquierdo pero la capacidad y buen trazo de Lorenzo lucieron e hicieron lucir al animal. Los tendidos estaban metidos de lleno en la faena y las últimas tandas, volviendo a la mano derecha y con los pies juntos, pusieron todo de cara para que el torero cortara la primera oreja de la tarde. Sorprendió Lorenzo y gustó «Soberbio» de Victorino que se entregó hasta su muerte entre las palmas y cariño del respetable. La tizona puso la guinda al importante trofeo que obtuvo el matador. Remontaba la tarde en Vistalegre y la ya tradicional porta gayola de Escribano junto con un conjunto de verónicas de muchos quilates pusieron aquello al rojo vivo. Con motor y buen aire hizo todo el serio cárdeno en los primeros tercios. No fue así en el último de las pares del sevillano. Sentado en el estribo le esperó y andando en tablas le tuvo que dejar los palos al astado, los capotes volaron al quite en un momento de riesgo y máxima entrega. Se echaba de menos un «victorino» a la antigua y hoy fue el día de volver a verlo. Muchos ‘cojones’ le puso Escribano con el encastado y enrazado cuarto que se revolvió y le volteó con fiereza en un pase de pecho. Ni los subalternos eran capaces de sacar al toro de su cuerpo. El percance demostró que el pitón izquierdo no era nada potable y con la mano derecha se colocó en el sitio para tragar y cuajar con mucho mérito al toro. Bilbao era consciente del esfuerzo, de la raza que estaba sacando el torero para completar esa faena llena de coraje y lucha. De poder a poder, como es el toreo. Los muletazos fueron cortos pero el contenido de ellos muy profundo. La espada se llevó un merecido trofeo y su cara lo decía todo. La dureza de la Tauromaquia. Buen toro y gran actuación de Escribano que completó una vuelta al ruedo tras la unánime ovación al animal.

Un desarme en la primera tanda y una cogida en la segunda de las series provocaron que el quinto toro -no estaba haciendo las cosas mal- aprendiera rápido y se orientara con malas intenciones. Comenzó a revolverse el de Victorino y el torero vio como se complicaba el lucimiento. La situación, el momento o quien sabe qué, hizo que Fortes no apostará nunca por el complicado animal y abreviara tras un trasteo de castigo. Bien hecho y parejo con el resto del encierro salió el cierra-plaza que no se definió de salida y permitió reivindicarse con los palos a Sergio Aguilar. Plata de oro. Sin confiarse comenzó la faena Álvaro Lorenzo frente al difícil e incierto sexto. Entre muletazos sin rotundidad se iba la faena hasta que, con la mano izquierda, le bajó la mano llevándolo muy largo. ¡Como humillaba el de Victorino cuando le hacías las cosas bien! Bendita entrega que hizo rugir Vistalegre con naturales sueltos pero de una importancia notable. Muchos parones daba el cárdeno que se encontró con un Lorenzo asentado y con las ideas claras. La ausencia de regularidad -del animal- dificultó el auge de la faena, no así el mérito de la misma que fue indiscutible y admirable. Uno a uno se los ‘robó’ el joven diestro que no pudo redondear su tarde con la espada. Una tarde relevante de cara a su futuro y a la afición. Un gesto que cumple con creces en un coso tan prestigioso como lo es este. 

Plaza de Toros de Bilbao. Segundo festejo del abono. Algo menos de media plaza. Toros de Victorino Martín, bien presentados y de interesante juego. Manuel Escribano: silencio y vuelta al ruedo. Fortes: ovación con saludos en ambos. Álvaro Lorenzo: oreja y ovación con saludos.

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: @manudealbafoto

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