Ni afición le quedaba a alguno que decidió masacrar en varas al primero de Dolores Aguirre en Madrid. Mucha queja y poco dar la cara en una oportunidad que en el ruedo se demostró que carecía de justificación. En el toreo hay injusticias, para unos y para otros, como en la vida. Hoy les tocó a ellos, a los que crían con esfuerzo y sacrificio durante años un animal bravo buscando que responda en la plaza. A «Guindoso» no le dejaron responder. El picador, a las órdenes del novillero Javier Velazquez, se empeñó en que su fuerza se mermara en el caballo y así fue. Pero la falta de vergüenza torera hizo que ni con esas el de luces quisiera probarlo. Ni verlo tan siquiera. A por la espada se fue entre los pitos de un público cabreado ante la «broma» que allí, en el albero, se había presenciado. La fuerte ovación al novillo -no tenía mala pinta- fue la muestra de ello. 
 
Con las ganas que le faltaron a su compañero y rival salió José Manuel para hacer frente al interesante segundo. Buscando las tablas terminó «Lagosto II» -fuertemente castigado en el caballo- tras una lidia llena de matices y emoción en la que el complicado astado no regaló nada de lo que hizo. Quiso hacer las cosas bien y en el sitio José Manuel pero la exigencia del de Dolores le descubrió en un descuido volteándole sin consecuencias mayores. El percance metió al respetable en la faena y la quietud que trató de lograr el novillero dejó ver el clasicismo de su concepto. A menos fue el novillo que obligó a abreviar la faena tras continuos derrotes a la defensiva. No olvidó la afición venteña esa buena pelea en varas y lo premió con unas cariñosas palmas en el arrastre. Menos agradables se mostraron con el murciano al que protestaron esa salida al tercio para saludar una ovación inexistente. Igual de excesiva fue la vuelta al ruedo para el catalán Abel Robles tras pasaportar al variado y serio tercero. Precioso era el castaño chorreado que, aunque se quedaba corto en la muleta, mantuvo el ritmo e interés hasta su muerte. Nada del otro mundo fue la pelea con el varilarguero pero derrochó nobleza. Y no la nobleza tonta a la que nos han acostumbrado en ocasiones. Un querer y no poder fue la faena de Robles. Buscó templar pero sin poder ya que no paró de perderle pasos antes de cada muletazo. Corto era el trazo y corto se quedaba el de Dolores que siempre embistió mejor a derechas. Parecía que había hecho la suerte suprema de manera correcta el catalán pero hasta el descabello hizo falta. 
 
Se confirmaba la tomadura de pelo con la lidia al cuarto del festejo. Otro novillo que le correspondía a Javier Valazquez y otro que se fue entero al desolladero. Derribó al caballo «Cantinillo» antes de pasar por encima del espada en una faena sin estructura ni actitud. Un auténtico daño para el ganadero que vio como se desperciciaban dos novillos en un coso como el de Madrid. Una huelga no debía ser sinónimo de ceder sin conocimiento porque la suerte nunca se sabe de que lado puede estar y la cogida de José Manuel obligó a Velázquez -Robles ayudó a trasladarlo a la enfermería- a dar muerte a otro novillo. A otro interesante novillo que embistió con codicia y cierta trasmisión hasta prender al novillero. La suerte no estaba con la ganadería pero la afición sí lo supo ver. Voluntad puso Robles con el noble pero irregular cierra-plaza. Tenía actitud pero la disposición sin ideas claras es una batalla perdida. Y el de luces la perdió porque la faena no obtuvo la rotundidad necesaria a pesar de la generosidad del respetable durante la misma. Volvía a dejar destellos de toreo puro pero sin acabar de rematarlos, lo quería llevar lento pero sin mando. Un descontrol que pasaron por alto muchos de los espectadores -no aficionados- que aplaudieron con ansia de triunfo al espada. Pero la realidad es que Doña Dolores había lidiado una notable novillada que no se pareció en nada a la mansa y deslucida corrida de San Isidro. 
 
Plaza de Toros de Las Ventas (M). Rondando el cuarto de plaza en los tendidos. Novillos de Dolores Aguirre, con opciones e interés. Javier Velazquez: bronca en ambos. José Manuel: ovación con saludos y herido. Abel Robles: vuelta al ruedo y silencio.
 
  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ

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