El municipio de la Comunidad de Madrid, Perales de Tajuña, ha albergado la cuarta novillada sin picadores del Certamen La Ribera del Tajuña. El cartel compuesto por la ganadería de César Rincón El Torreón y los novilleros Jaime González de la Escuela de Écija, Juan José Villa “Villita” de la Escuela de José Cubero Yiyo y Álvaro Chinchón de la Escuela Fundación El Juli. Los erales fueron de cara abierta, con mucho genio de salida y buenas condiciones para la lidia al llevarles por abajo, excepto el quinto y el sexto, los cuales fueron muy exigentes con una embestida descompuesta y con empeño en el cuerpo del joven. El triunfador numérico fue Jaime González con un buen lote y faenas medidas y bien ejecutadas; la peor parte se la llevaron Villita y Álvaro en el segundo de sus respectivos lotes, a pesar de sus buenas actuaciones en sus primeros.

Jaime González iniciaba la tarde con un novillo de cara abierta, que salía suelto y sin interés en los lances de recibo. Cambió el capote por la franela y genuflexo comenzó su faena, pero bajó tanto la mano para que humillara que el eral acabaría dando una voltereta. Tras probarle por ambos pitones se dirigió a los medios intentando sin éxito el incite desde la distancia. El astado no dejaba tiempo ni sitio, por lo que el de Écija tuvo que estar hábil y no quitarle la muleta del hocico, alargando los naturales y ampliando su recorrido. El animal humillaba en la entrada pero no en el ocaso del muletazo limitando su recorrido, además el eral era pronto e incluso intentaba colocar la cara, aunque soltando algún que otro derrote. El desenlace de la faena se desarrolló por manoletinas, dejando latente la escasa fuerza del novillo, concluyó hundiendo el acero algo trasero pero suficiente. Estrenaba el ecuador del festejo con un saludo capotero iniciado con una doble larga afarolada de rodillas. La faena decidió iniciarla desde los mismos medios de rodillas elaborando una tanda bien llevada con un novillo cosido a la muleta. Prosiguió con la mano derecha con naturales bajos y lentos en busca de la embestida del animal, pues este no tenía fuerza y requería sitio y tiempo. Con la mano izquierda le dejó respirar, consiguiendo que en las entradas al incite este continuara e intentara colocar la cara, esta tarea requirió mucha técnica y empeño, pues se cruzaba midiendo bien las distancias, soltando la cara y parándose acortando su recorrido. Con buen criterio el tiempo fue el mejor aliado de Jaime, pues el astado se recuperaba entre tandas para que cuando este le exigiera el eral acudiera y fraguara una faena a un animal de naturales contados. Acabaría el último tercio en la querencia, totalmente vacío, desentendido de la tela y sin una embestida clara. Tras colocar al novillo en suertes dejó la espada en el sitio para que doblara.

Juan José Villa realizaría un saludo capotero a un novillo buscón y reservón que ganaba los terrenos, pero que finalmente quedaría encelado en la tela. Tras el brindis, se decidió por un inicio genuflexo en el que le tanteó por ambos pitones, a pesar de que en un principio se quedara algo emplazado. El astado continuaba siendo algo reservón en la franela y sin aceptar las largas distancias, pero muy quieto y ayudado de su técnica Villita desarrolló unos naturales bien ejecutados con los que exprimió al novillo, pues este humillaba, le daba continuidad a las series e incluso intentaba colocar la cara para seguir los engaños. Las embestidas eran limitadas y escasas, razón por la que el segundo de la terna midió bien las fuerzas del eral, eral muy exigente al que Villita consiguió domeñar con desmayo y torería. El novillo llegaba a las últimas tandas manseando, sin fuerza ni empeño en la franela, al que aun así el manchego le fraguó una faena bien elaborada, aunque algo pasada. Con el primer aviso intentó culminar el último tercio con cuatro pinchazos, una estocada que atravesaría al animal y siendo más certero en el golpe de cruceta. Salía el segundo de su lote y lo de “no hay quinto malo” fue una farsa. Lo recibió en su capote sometiéndole por abajo flexionando rodilla. Brindó a los tendidos e inició el último tercio probándole por ambos pitones, para después continuar por naturales que desencadenaron en una muy fea voltereta en la que recibió diversos golpes. Todo ello consecuencia de la embestida descompuesta, con mucho genio, que no dejaba someterse ni tan siquiera ser guiado, pues soltaba derrotes con repentinas arrancadas en las que desviaba su recorrido, volviéndose rápido conocedor de lo que dejaba atrás. Villita se recuperó pero el animal seguía buscándole sin ningún interés en el engaño, por lo que decidió entrar a matar dejando algo más de media estocada tendida, que le llevarían hasta el octavo golpe de verduguillo.

El primero del lote de Álvaro Chinchón salía con genio, por lo que lo templó en el capote llevándole bien por abajo hasta los medios. En las primeras tandas de tanteo con la muleta lo llevó despacio, para continuar con derechazos que alargaban los pases y aumentaban el recorrido del animal. Mostraba buenas condiciones si se le sometía y se le llevaba a buen ritmo con la mano baja y dejándole la muleta en la cara y llevarlo de este modo cosido. Suave, lento y con los vuelos de la franela condujo la embestida del eral, el cual humillaba y permitía la ligazón entre naturales por ambos pitones. Es cierto que no permitía fallos, pues dentro de sus buenas condiciones fue exigente, aprendía y conocía lo que le separaba del cuerpo del que le quería domeñar. Álvaro agotó los naturales a un astado que ya solo atendía a las exigencias, por lo que decidió no alargar más el último tercio y realizó un breve desenlace por abajo y con la mano derecha para después dejar una estocada en lo alto pero algo trasera y tendida que le llevaría al descabello. El último de la terna realizaba los lances de recibo al último novillo del festejo, este salió suelto, le costaba repetir e incluso le propinó una buena voltereta. Se paseaba con genio en los primeros muletazos, continuaba sin atender al engaño, era un animal que requería la mano abajo, para evitar que levantara la cara y se desligara. Paralelo a las tablas el eral obedecía y se dejaba llevar, aun así siempre estuvo marcado por la querencia, su escaso recorrido, su embestida desigual y descompasada que requería de técnica, temple y saber anteponerse a sus movimientos. Álvaro le daba sitio y tiempo, por lo que con el paso atrás obtuvo ese espacio que el astado demandaba, evitando de este modo nuevas volteretas. Las tandas fueron suaves y lentas, lo que no evitó que de nuevo este derrotara y se cruzara midiendo a su contrario. Extrajo una faena a un animal difícil que no se dejaba domeñar, por lo que concluyó por manoletinas dejando en la suerte suprema un acero tendido escaso que le obligaría a descabellar hasta que se echara.

Plaza de Toros de Perales de Tajuña (M). Plaza con los tendidos casi llenos. Toros de El Torreón con juego si se les sometía, aunque más complicados fueron el quinto y sexto. Jaime González: vuelta tras petición en su primero y dos orejas en su segundo. Juan José Villa “Villita”: dos avisos y silencio en el primero y silencio en el segundo. Álvaro Chinchón: una oreja en el primero y ovación en el segundo.

  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

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