Asomaba el verde desde la Presidencia cuando Marcos procedía a hacer un quite sin sentido al «devuelto» de Peña. Pitos acompañaban los lances y un «run-run» enfrió los tendidos. Un espontáneo trataba de saltar al albero muleta en mano para dejarse ver. Quizás, un novillero en busca de una milagrosa oportunidad. No lo conseguiría y acompañado de la policía abandonó el callejón del coso.

Misma suerte obtendría Ochoa con el sobrero de El Sierro, otro inválido que quiso pero no pudo. Ni al caballo llegó con fuerza y esa falta de fondo se hizo más visible si cabe con el equivocado planteamiento del de luces. Se aceleró desde el inicio el novillero que se vio podido por las ganas del momento y olvido el acople con el deslucido novillo. Tan habitual y tan decepcionante ese defecto. Pero mejor tarde que nunca se suele decir y Ochoa trató de cumplir dicho refrán antes de dar muerte al animal. Agua de un pozo con apenas contenido sacó el madrileño con la diestra, relajado por instantes y apretándolo cuando el astado lo permitió. La espada no confirmó el auge de su actuación y todo quedó en generosos aplausos. Madurez se apreció en el concepto de Marcos, la preparación del campo es lo que tiene. Y a él, no le falta. Suelto salía el novillo de los vuelos de la muleta y de manera inteligente lo «metió» en el canasto sin dejarle ver la salida. Por el derecho y por el izquierdo, descompuesto el de Fernando Peña por ambos, pero permitiendo a Marcos completar una meritoria faena. Todo lo puso el novillero. Se calentó rápido el ambiente esperando con ansia una contundente estocada que sumara la primera oreja de la noche. El descabello se llevó el triunfo pero no la ovación.

Con mejores ideas que eficacia se presentó Peseiro en Madrid. Al menos en banderillas. Lo mismo le pasó al novillo que no hizo mal las cosas en el caballo pero se vino abajo en el último tercio. Emoción faltó a ambas partes en una faena de muleta sin rotundidad y que terminó de deslucir la espada. Hasta el callejón voló la tizona en un intentó fallido de poner fin a la primera de sus comparecencias. Verde se vio al portugués. Buenas sensaciones trasmitía «Gorrero», el cuarto de Fernando Peña que humilló en los capotes antes de bajar la persiana. Otro animal que lo hacía y evidenciaba una escasa duración en la muleta. No se retiró en su intento de lograr lo imposible Ochoa que lo probó por ambos pitones, también en la larga y en la corta distancia. Ni el arrimón levantaba aquello. Ni siquiera el ánimo de la gente. El cariño de su gente le recompensó -tras el fallo con el acero- con una cuestionada ovación en el tercio.

Soberbia fue la brega de Miguel Martín al quinto de la noche, ¡que largo y que bien lo llevó por abajo el de plata! Todo de cara lo tenía Marcos que comenzó la faena relajado y sin toques bruscos. Ilusionó el inicio y defraudó la realidad del final. No había gas. Se movió el de Peña que, sin embargo, perdió la trasmisión entre la nobleza de sus embestidas. En corto lo cogió el novillero con el astado ya venido a menos pero la superioridad del torero no fue suficiente para que cogiera vuelo una faena sin brillo. Tampoco fue acertada la colocación de la espada que hizo que sonara el aviso. Genio derrochó en varas el último del festejo y soltura con los palos demostró tener Peseiro a pesar de su escaso rodaje. Por abajo le arrancó los primeros muletazos al incierto cierra-plaza. Poco más se vería posteriormente, pases, pases y más pases sin estructura. Sin ligazón. Se iba la noche en Madrid y ni el calor importaba, la decepción era absoluta. El silencio reflejaba el resultado.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). Más de un cuarto de entrada. Novillada de Fernando Peña, pareja pero sin fondo en líneas generales. Carlos Ochoa: ovación con saludos en ambos. Marcos: ovación con saludos y silencio. Diego Peseiro: silencio en ambos.

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: @LasVentas 

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