Al igual que la segunda novillada sin caballos del Certamen La Ribera del Tajuña, la tercera se celebraba en Tielmes con motivo de sus Fiestas Patronales. En esta ocasión los novillos pertenecían a la ganadería de La Quinta, completando el cartel Joao D’Alva de la Escuela de Vila Franca de Xira, David Martínez de la Escuela de Colmenar Viejo y Alejandro Rivero de la Escuela Taurina de Badajoz. Los astados fueron exigentes, pero dieron juego y si se les sometía daban oportunidades de triunfo. Entre los novilleros cabe destacar la actuación de Alejandro Rivero, quien tras cortar dos orejas, una en cada novillo, salió por la Puerta Grande; y la de Joao D’Alva que supo estructurar bien la faena, sacando provecho de las cualidades de su adversario, además de sorprender en los tercios de banderillas. Sin embargo, David Martínez tuvo la cruz pues con la espada se esfumaron sus oportunidades de triunfo.

El portugués, Joao D’Alva, abría el festejo con un novillo de La Quinta que salía suelto, pero que poco a poco fue cobrando mayor fijeza llevando la cara por abajo en el saludo capotero. En el tercio de banderillas el novillero ejecutó unos pares bastantes lucidos aunque algo accidentados. Tras brindar en los medios y probarle por ambos pitones comenzaba la faena de muleta, continuando por el pitón izquierdo, donde sin humillar en exceso llevaba la cara a media altura. El novillo necesitaba espacio, algo que el portugués entendió, razón por la que decidió probarle con derechazos bien ejecutados dotados de recorrido y temple en los que el eral colocaba la cara hasta la salida de los naturales, con lo que consiguió domeñar su embestida. Concluyó por manoletinas sin evitar que, de nuevo, el animal hiciera por él. Le costó colocarlo en suertes, pues el astado se mostraba ajeno a las exigencias del joven, por ello tras un aviso dejó el acero caído y tendido degollándole. Astuto y algo buscón era el segundo del lote de Joao D’Alva, que pasaba arrollando pero humillando en los lances de recibo. De nuevo se encargaría del tercio de banderillas, para ejecutar unos pares que bien recordaban a los de Víctor Mendes.  Pegado a las tablas y genuflexo probando por ambos pitones daba comienzo la faena. Al comienzo el comportamiento en la muleta fue excelente, seguía los engaños, entraba con fuerza, tenía recorrido y colocaba la cara planeando en los extremos. Con buen criterio el portugués le citaba de lejos para poder así aprovechar el impulso, sin embargo, tampoco defraudó en las cercanías, pues con algo más de insistencia y cruzándose en la cara consiguió que el animal quedara ensimismado en la franela dándole dinamismo y ligazón a los naturales. El final fue lucido con pases en redondo para seguir de rodillas y terminar con un abaniqueo. Después de tres intentos hundió la espada algo caída con la que bastó.

El segundo de la terna era David Martínez, quien realizó un saludo capotero a un novillo que salía suelto, sin empeño en la tela, saliendo de esta con la cara alta y levantando las manos, no sería hasta después del quite cuando este mostrara algo más de interés en el capote. Con la muleta lo sacó de la querencia y empezó a citarle con la derecha, la actitud del astado había cambiado e incluso mejorado en las distancias cortas, dejándose guiar con la cara baja y embistiendo de forma estructurada en la franela, lo que dotó de ligazón la faena. Mucho cambió por el izquierdo, pues no tenía casi recorrido, volviéndose rápido, sin interés en la faena y haciendo hilo. David supo redimir los cabeceos y domeñó la embestida, lo que le permitió realizar lucidos pases y hacer faena al compenetrarse con el adversario. Despidió al segundo de la tarde tras siete pinchazos, un pinchazo hondo, bajo y tendido y un acero atravesado, por lo que el animal se terminó echando. Tras un primer intento de recibir al quinto con una larga cambiada, rectificó y continuó genuflexo hasta rematarlo en los medios. Tras brindar al maestro Víctor Mendes, comenzó la faena flexionando rodilla, continuando por el pitón derecho, humillando e intentando colocar la cara, sin evitar los cabeceos continuos acompañados del escaso recorrido del eral. Con la mano izquierda el comportamiento era similar, llevando la cara a media-alta altura. Sin dejarse domeñar, David puso empeño e insistió bajándole la mano con tandas cortas dosificando así su embestida, la cual se mantenía como al principio. De nuevo la espada fue la cruz de David, quien intentó entrar a matar recibiendo sin éxito, tres estocadas cruzadas que atravesaron al animal, un pinchazo y media estocada tendida pero definitiva.

Alejandro Rivero supo encelar en su capote rápidamente a un novillo que salía con genio. Cuando comenzó el último tercio el animal seguía embistiendo con bravura y fuerza en el engaño del novillero, quien sin alejarle la muleta del hocico desarrolló unas series completas y ligadas. Le bajaba la mano toreando enroscado, para que el astado humillara y colocara la cara, a pesar de que la sacara alta de los naturales. El animal respondía en la corta y larga distancia, solo que como buen Santa Coloma aprendía rápido y no se podía permitir ni un fallo. Consiguió una faena, en su mayoría, limpia, bien estructurada en la que al igual que la embestida del eral fue clara y se prestaba al invite de la franela. Alejandro entendió bien lo que requería el astado, concluyendo con una única estocada caída y perpendicular suficiente para que doblara. Cerraría el festejo realizando unos lances de recibo a un novillo que derrochaba oportunidades. Genuflexo y bajando la mano empezó la faena de muleta. Con el giro de muñeca Alejandro enceló en su engaño al de La Quinta, guiándole a media altura. A pesar de que el astado se mostrara algo despistado, el novillero continuó y desde los medios configuró unas tandas bien ejecutadas, ayudado de la buena embestida del animal y la obediencia ante el incite, al que respondía rápidamente. Fijeza, ligazón y obediencia caracterizaron al eral, el cual entraba bien por ambos pitones pidiendo muleta y quedando cosido a la tela. En busca del triunfo decidió no alargar más la faena y en suertes dejó en el segundo intento una muy buena estocada.

Plaza de Toros de Tielmes (M). Plaza con los tendidos casi llenos. Novillos de La Quinta con juego y buena embestida si se les sometía. Joao D’Alva: un aviso y ovación en su primero y vuelta al ruedo tras ovación y aviso. David Martínez: silencio y un aviso en ambos. Alejandro Rivero: una oreja en el primero y una en el segundo.

  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

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