El municipio madrileño de Tielmes era el encargado de albergar la segunda novillada sin caballos del Certamen de La Ribera del Tajuña, con motivo de sus Fiestas Patronales. El cartel lo formaban José Nicolás de la Escuela de Navas del Rey, Álvaro de Faranda de la Fundación El Juli y David López de la Escuela de Colmenar Viejo, que se encargarían de lidiar a los novillos de Baltasar Ibán. Las reses fueron en su mayoría difíciles de domeñar, además de exigentes con los jóvenes novilleros. El triunfador numérico, con una oreja, fue Álvaro de Faranda, sin embargo, David López demostró gran maestría frente a los astados a pesar de su lote.

El encargado de abrir la terna era José Nicolás, quien recibía en el saludo capotero a un novillo con genio, repetitivo y con la cara baja en la tela. Tras brindar al público decidió comenzar genuflexo intentando potenciar la humillación del animal y corregir su embestida irregular, pues no paraba de cabecear, algo que se pronunciaba si este se topaba con la franela. Su recorrido era más prolongado por el pitón derecho, pero con mucha velocidad y prontitud, lo que permitía dotar de mayor ligazón la faena. Según avanzaba el último tercio el astado daba muestras de mansedumbre, de una marcada querencia a tablas, además de sus continuos despistes con los que perdía de vista con facilidad el engaño, algo que dificultó su lidia. En las últimas tandas, sin domeñar la embestida, logró una serie bien elaborada en la que supo adaptarse al novillo llevándolo cosido a los vuelos de la muleta. Tras un buen desenlace lo colocó en suerte contraria y dejó un pinchazo hondo escaso, pues sería tras varios intentos de descabello cuando el toro doblara. José Nicolás recibió al segundo de su lote con una doble larga cambiada de rodillas para después sacarlo de la querencia y rematarlo en los medios. Con la muleta en la mano y algunos lances de tanteo comenzaba la faena, decidiéndose por el pitón izquierdo, por donde el novillo se mostraba sin fijeza ni recorrido, cruzándose en su embestida, la cual no era uniforme. No ocurriría lo mismo por el pitón derecho, donde se dejaba domeñar y llevar, haciendo intentos de colocar la cara y planear en los vuelos. La falta de fijeza era acusada, razón por la que el de Navas del Rey tuvo que recurrir a las distancias cortas, el toque fijador y dejarle la muleta en la cara, para que de esta forma este no se desligara de la faena. En los últimos compases José se vio obligado a lidiarle en tablas con derechazos bajos que cada vez acortaban más las distancias. Con desplantes y mucha torería concluía su faena, pero en la suerte suprema dejaría hasta 5 pinchazos hondos, acabando con el de Baltasar Ibán en el descabello.

Al segundo de la noche se encargaba de recibirlo Álvaro de Faranda, con un saludo capotero ejecutado por abajo llevándolo a los medios y rematando por una media. En el quite, sin embargo, ejecutado por David López, se encontró con un astado falto de recorrido que lo arrolló en cuanto tuvo oportunidad. Con la rodilla en tierra y probándolo por ambos pitones Álvaro comenzaba la faena de muleta, una vez en los medios consiguió una bonita tanda en la que el astado parecía estar cosido a los vuelos, con naturales largos y continuados dotaba la faena de ligazón y lucimiento. El animal respondía mejor por el pitón derecho, pues por el izquierdo su embestida era más cerrada, con más derrotes y menor recorrido. Llegó a perder hasta en dos ocasiones el engaño, pero nada que no pudiera solventar con temple y la mano a media altura. El desenlace de la faena lo realizó por molinetes y la suerte suprema la ejecutó con una espada baja, trasera y tendida, pero suficiente para que cayera sobre el albero. El argandeño realizó un saludo capotero con mucho temple redimiendo la embestida al quinto de la noche. Al comenzar la faena el eral demostraba mejores condiciones por el pitón derecho, razón por la que continuó con derechazos bajos en busca de la humillación, manteniendo la muleta en el morrillo para que este quedara encelado en la franela. Las distancias cortas y las repentinas arrancadas del astado provocaron a Álvaro una fea voltereta de la que rápidamente se recuperó. Fue un novillo exigente que respondía bien al sometimiento del novillero, quien supo llevarle por el pitón izquierdo alargando lo muletazos y adaptándose a los tiempos del animal. Continuó con la mano izquierda, dejando izquierdazos que domeñaban y corregían los problemas de recorrido. En la suerte suprema hundió un acero contrario y algo tendido que le llevaron al descabello.

El alumno de Colmenar Viejo, David López, recibió en su capote al de Baltasar Ibán redimiendo su genio y sacándolo a los medios. Con la muleta en la mano decidió empezar por naturales muy templados que conducían la embestida del eral. Su fijeza y prontitud en el incite permitieron a David fraguar una faena continuada que poco a poco iba calando en los tendidos. A pesar de la buena técnica del de Colmenar, tuvo que enfrentarse a un novillo sin fuerza que se limitaba a seguir los extremos de la franela entre serie y serie esperando a que el novillero le citara y llevara a media altura. Sin mucho más que añadir, pues las capacidades del novillo quedaron claramente mermadas, decidió entrar a matar dejando el estoque caído, con el que degolló al animal. David López recibiría al último del festejo, el cual realizaba amagos de humillar y de querer encelarse en la tela. El de Colmenar se mostraba decidido a comenzar el último tercio con una serie con la mano derecha, en la que el animal seguía los engaños protestando, cabeceando, levantando la cara, cruzándose, sin humillar y sin una embestida estructurada. Le bajó la mano con el fin de reducir los derrotes, pero de nuevo en las cercanías el de Baltasar Ibán le propinó una fea voltereta. Le gustaban las distancias cortas marcadas por el toque fijador, pero sin evitar que este le hiciera hilo al volverse rápido sin dar la oportunidad de rectificar el natural. El astado fue exigente con el menor de la terna, que rápidamente se rajó sin demostrar empeño, por lo que el novillero concluyó la faena por manoletinas y hundiendo el acero algo trasero degollando al animal.

Plaza de Toros de Tielmes (M). Plaza con los tendidos llenos. Novillos de Baltasar Ibán con una embestida irregular difícil de domeñar. José Nicolás: ovación en su primero y un aviso y silencio en su segundo. Álvaro de Faranda: ovación y vuelta al ruedo en el primero; aviso y una oreja en el segundo. David López: vuelta tras petición de oreja en ambos, pero sin transcendencia en la presidencia.

  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

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