Toques de torero cuajado y ambicioso se vislumbraron en un quite de absoluta entrega de Perera. Así abría la tarde en Santander, ajustando las saltilleras y con la pierna de salida hacia adelante en las gahoneras. Se descomponía el de Sampedro que mantuvo la alegría en la muleta de Perera tras una actuación de brilló y templanza de Ambel. Torería de plata. Buen fondo sacó el abre-plaza que sorprendió a la afición del coso de Cuatro Caminos regalando embestidas nobles -irregular en ciertos momentos- y con la codicia suficiente para aguantar las largas series planteadas por el espada. A más fue la labor de Perera que terminó comiendo el terreno al animal en busca de un final de cercanías con varios circulares «encimistas» y antinaturales. Perpendicular y algo trasera cayó la tizona que tuvo un efecto tardío entre algunos pitos que reclamaban el uso del descabello. Esos mismos le pidieron la oreja que cortaría instantes después. La importancia de mandar en las faenas se vio reflejada en la actuación de un firme Cayetano con el segundo de Miranda y Moreno. Áspero y con genio embistió en las primeras tandas el exigente animal que obligó al torero a apretarlo por abajo. Lo pudo con la diestra Cayetano que no dejó de ofrecer el pecho a su oponente, indiscutible la verdad de su toreo. La raza que sacó al natural para dominar las encastadas embestidas de «Flacote». No quiso dar más de lo que tenía el de Miranda cuando se vio podido por el matador. Era el momento de matarlo y la espada se llevó el trofeo. Al desolladero claro.

Parecía de lío y se quedo en el montón el tercero del festejo. Otro de Sampedro que remendaba la corrida titular. Con un exceso de sometimiento cuajó Lorenzo una faena fría y sin ligazón que le permitió mostrar su superioridad en el albero frente a un toro agarrado al piso. No ayudó el animal que, sin embargo, no metía mal la cara cuando embestía en los vuelos de muleta. Tampoco se entregó en la suerte suprema y hasta tres pinchazos precedieron a una estocada entera del joven diestro Álvaro Lorenzo. Emoción y casta tuvo la pelea en varas de «Llanura» con el picador Francisco Doblado. Con la cara abajo empujó el de Miranda que se empleó en cuerpo y alma para «ganar» la batalla. Varios giros con el caballo casi en el suelo hacían presagiar una caída del varilarguero. Pero no fue así, con conocimiento se agarró Paco y en movimiento rectificó la colocación del puyazo. Tremenda imagen, emocionante lucha. Toro y torero. A caballo sí, pero torero. Con la plaza en pie abandonó el albero. Faena sin innovación y con un planteamiento lineal de Perera que volvió a pisar terrenos complejos con el toro ya venido a menos tras embestidas con cierta sosería y falto de profundidad. Apuntaba a más el animal tras lo hecho en los primeros tercios pero la chispa se apagó pronto desluciendo cada uno de los muletazos del diestro. Firme estuvo y por encima de él se mostró Perera que lo mató de una estocada al volapié. Otra oreja le abría la Puerta Grande de Cuatro Caminos.

De calidad y gusto fue el recibimiento al quinto por parte de Cayetano. Buen trazo a la verónica que desprendió aroma de toreo clásico. Cumbre y desaparecida pasó la gran brega de Iván García, otro torero de plata con una profesionalidad notablemente alta en cada uno de sus compromisos. Inteligente Cayetano para entender y cuajar de principio a fin al castaño de Miranda. Nobleza del animal que fue aprovechada por el torero con muletazos individuales y sin prisas. No le sobraron las fuerzas al toro y el temple de Cayetano hizo que, aunque faltara trasmisión, la faena tuviera interés. Mejor suerte corrió el matador con los aceros en esta ocasión, acertando al primer intento con el descabello. El rigor del palco presidencial negó una oreja pedida sin rotundidad por el respetable. Tampoco tocó pelo Álvaro Lorenzo en el último de la tarde con el que logró una mayor rotundidad, con nobleza embistió el astado que permitió asentarse al joven emergente. Correcto en el primer tramo de la faena Lorenzo que selló muletazos profundos dando distancia al cierra-plaza. Tiró de recursos el torero en esas últimas tandas que parecían poder darle opción de triunfo al de luces. La espada y la escasa conexión con los tendidos hicieron que la tarde tuviera un único nombre: Miguel Ángel Perera. Y en la mente de todos los allí presentes, el de Francisco Doblado. No fue en Francia, sucedió en Santander. Bendito norte.

Plaza de Toros de Santander. Cuarta de Feria. Lleno en los tendidos. Toros de Miranda y Moreno y dos de Fernando Sampedro, nobles y de variado juego. Miguel Ángel Perera: oreja y oreja. Cayetano: silencio y ovación con saludos. Álvaro Lorenzo: silencio y ovación con saludos. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: @InfoMAPerera

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