Problemas internos hay en todos los ámbitos: nuestros hogares, trabajos. Es el pan de cada día y el mundo del toro no refleja la excepción. Es evidente que dentro de él hay cosas positivas y, por su puesto, negativas. El ya tradicional pesimismo es una de ellas y con la llegada de San Fermín, este apareció también en los encierros. Parte de la afición taurina no ha parado de criticar el desarrollo de las sueltas matinales por las calles de Pamplona: ni el antideslizante que trata de evitar la caída de los animales ni la limpieza y ausencia de corneados les convence.

Cierto es que los bueyes han dificultado notablemente las carreras de la presente edición, quizás, ese sí sea un aspecto que se deba mejorar de cara al futuro. Un encierro consiste en correr delante de los astados, «coger toro» es el objetivo de todos y cada uno de los valientes que cada año viajan a Pamplona para poner a prueba su capacidad y disfrutar de su pasión. Este año no está siendo fácil y el descontento con los mansos es generalizado. Comprensible. También es respetable que se acuse al polémico antideslizante de «restar» emoción a las sueltas, la violenta entrada a la curva de Estafeta es el reflejo de ello. Raro es ver caer -como era frecuente- a los toros en este tramo, ahora bien, mirándolo con visión «ganadera», es algo satisfactorio. Este punto del recorrido pamplonés marca un antes y un después en la evolución de cada carrera y con la ayuda de este producto se han reducido las caídas y posibles » vueltas» de los toros. Esos giros que tanto desean algunos y que, además, se ve perjudicada por la enorme rapidez y preparación de los toros de lidia en la actualidad. Los correderos en las fincas han traído consigo que estos encierros sean «pan comido» para las reses y el tiempo de duración de los encierros haya disminuido. ¿La nobleza? Otro concepto ya clásico en el argumentario crítico. La selección genética es fundamental en esta raza y la evolución de la Tauromaquia ha modificado los objetivos de ganaderos y mayorales. La calidad y clase -ubicadas dentro de la nobleza- en las embestidas, sumadas a una mayor duración y fondo de los toros es la clave para entender como ha variado la concepción del toro a día de hoy. Puede gustar más o menos, criticarlo o apoyarlo, pero siempre manteniendo el respeto al protagonista de la Fiesta. Ni son «borregos» ni son tan previsibles como se dice. Desgraciadamente la dureza de este mundo nos lo recuerda de vez en cuando. Otros parecen no darse cuenta de ello. O sólo, cuando interesa.

Así pues, debemos abrir la mente y ponerse en la piel del otro. No mirar por el morbo sino por el disfrute de todos, corredores y aficionados. Jugarse la vida delante de una fiera no es sencillo, el peligro y el riesgo siempre están presentes. En Pamplona es enorme. Una verdadera batalla, entre una marea de mozos, por conseguir un mismo fin. Perder la noción del tiempo durante unos segundos, tan cortos y tan largos a la vez. Cumplir el sueño que tantas noches pensaste y te ilusionó. Un modo de vida.

Y ahora… Claro está. ¡Viva San Fermín!

  •  Artículo vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: DIARIO DE NAVARRA

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