«Guapa» y rematada era la corrida de Cuvillo para Pamplona, pareja como pocas. ¿Y el cartel? Tela de interesante. Abría la tarde Ferrera con el toro más «feo» y menos hecho del encierro. Inteligencia la que mostró el torero haciendo uso de su repertorio de toreo clásico. No humilló el de Cuvillo que, sin embargo, ganó fijeza y nobleza en la muleta. A media altura lo llevó siempre Ferrera, acierto hubo en las formas y profundos fueron alguno de los muletazos. Se gustó el matador que lo toreó a placer por ambos pitones -sin excesiva trasmisión- y sufrió un fuerte golpe con la empuñadora de la tizona al entrar a matar. Otro fallo y un trofeo más que se iba al desolladero por los aceros. Venía fuerte el peruano Roca Rey tras el percance del pasado año en este mismo coso. Ya lo avisó en el recibimiento por verónicas y se reafirmó con la réplica al quite por gahoneras de Ginés. Quietud hubo en las saltilleras del espada, tanta sangre fría que los reflejos le salvaron de ser atropellado por el de Cuvillo en los medios. Gran calidad la que estaba ofreciendo en los capotes el segundo de la tarde, otro mundo distinto al abre-plaza. De rodillas en el tercio, cambiándoselo por la espalda. Así arrancó Roca Rey su labor con la muleta que puso boca abajo la Plaza de Toros de Pamplona. Cambiaba el toro y todo parecía indicar que acusaba una lesión en la pezuña. Un toro más que lo hace en esta feria. Superioridad mostró Roca Rey en el conjunto de una faena de actitud más que de naturalidad. Se vino a menos -pronto- el astado que resultó deslucido y soso dentro de su noble condición. Esa nobleza que le permitió al de luces usar sus recursos y pasajes con mayor vulgaridad. Una faena de gusto para el sol, ese que pidió con fuerza las dos orejas tras una estocada entera y efectiva. Pero el rigor, sorprendentemente, lo puso el Presidente que sacó un único pañuelo. Así sí. Exigencia.

Informales fueron las embestidas en los capotes del jabonero tercero. Con la muleta recogida le esperó Ginés en los medios. Había que intentar que no tocará los trastos y no fue tarea fácil para el joven torero. Faltó acople y entendimiento entre ambas partes, ninguno de los dos se entregó y aquello tuvo poca duración. Una tanda esperanzadora de comienzo fue lo único destacable de una faena sin contenido con un toro ausente de casta. Misma condición que se apreció en el encierro se observó en los primeros compases de «Gavilán». Metía bien la cara el castaño en el capote de Ferrera, una media de ensueño selló el matador. Genio y exigencia se preveía tras ese comienzo de faena por abajo. Lo apretó y a más fue el toro, todo para él lo hizo Ferrera que cuajó de principio a fin al de Cuvillo. Muy torero andó por la Plaza en todo momento el diestro que, además, se sintió venciendo el cuerpo en cada muletazo. La mejor versión de un torero de gusto y de concepto imprevisible. La experiencia fue la clave que le permitió a Ferrera acertar con las teclas del deslucido cuarto que embistió sin entrega. El ritmo no es bravura. Tras pasajes de calidad -encajado- al natural y un lúcido manejo de los vuelos de la muleta con la mano derecha, parecía que podía llegar el triunfo. Pero nos olvidábamos de la merienda y esa le privó de un premio mayor tras una estocada algo atravesada pero efectivo con el descabello.

Variado de nuevo con el capote Roca Rey, firmeza hasta de salida con el cuajado quinto. Hasta con gusto quiso colocarlo al caballo donde el toro no hizo las cosas mal. Tampoco desperdició el quite Ginés, esta vez, por chicuelinas y sin réplica. Tremendista fue el arranque de faena del torero peruano que completó una primera tanda templada y dando tiempo al toro. Más ligada fue la segunda de ellas con el animal más fijo y queriendo coger por abajo la muleta, al menos, en los inicios. Menos recorrido tuvo al natural el de Cuvillo que se quedó corto obligando al diestro finalmente a cambiar de pitón. Volvió a imponerse en la faena Roca Rey que se mostró más centrado con un toro noble y con opciones de lucimiento. Se volvían locas las peñas con los molinetes del matador y de rodillas cerró su actuación. Amagaba con rajarse el astado -falto de duración- y otro «estocadón» le hizo caer sin puntilla. Lo desorejó Roca Rey que saldría a hombros de Pamplona. Firmeza, valor y capacidad -más templado en su segundo logrando muletazos con profundidad- definían una tarde variada y completa de uno de los ídolos de la afición pamplonesa. Más justo de presencia estaba el que cerraba la tarde. A la antigua lo sacó del peto Ferrera, marca de la casa ya ese gesto del torero. No iba a dejarse ganar la batalla tan fácil Ginés pero no era su tarde y hasta dos veces perdió la muleta. Mejor trazo hubo al natural pero la falta de humillación del Cuvillo y la poca chispa que ambos pusieron a la faena, hicieron que no tuviera importancia lo visto en el ruedo. Hasta la espada se le atrancó al torero que perdió esa batalla de rivalidad con el arrollador Roca Rey. Nadie lo para, nunca se frena. Presente y futuro en la Tauromaquia, en el escalafón.

Plaza de Toros de Pamplona. Séptimo festejo de San Fermín 2018. Lleno absoluto en los tendidos. Toros de Núñez del Cuvillo, nobles pero faltos de trasmisión y duración. Antonio Ferrera: silencio y ovación con saludos. Roca Rey: oreja con petición de la segunda y dos orejas. Ginés Marín: silencio en ambos. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: @javitaurino

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