Día del patrón en Pamplona y plaza llena hasta la bandera. Como cada día. Como cada año. Eso no lo podrá negar el señor alcalde, ese que cuestionaba la importancia de las corridas hace unas semanas pero que hoy, como es habitual, presidía el festejo desde el palco. La foto parecía importarle más que su propia personalidad.

Arrebatado fue el saludo capotero de Ureña al primero de la tarde. Era el pistoletazo de salida a la Feria del Toro y lo hacía frente a un animal que salió suelto en los primeros tercios. Ya en el centro del albero, con el astado más fijo en su muleta, el diestro lo apretó con la mano derecha obteniendo mayor ligazón. Ritmo sin trasmisión, esa que tampoco encontró al natural a pesar de las buenas intenciones de llevarlo con profundidad. Deslucido y sin recorrido el del Puerto de San Lorenzo que embistió con irregularidad por ambos pitones. Tragó el torero de Lorca en el final de faena sobreponiéndose a los derrotes y protestas del astado. Con firmeza se tiró a matar Ureña dejando una estocada entera que, sin embargo, no resultó efectiva en su totalidad. Rodillas en tierra trató de comenzar Román la primera de sus actuaciones, buenas sensaciones trasmitía el del Puerto. Se gustó Garrido en el quite por chicuelinas que fue replicado por Román con otro ajustado en los medios. Variado y entregado el valenciano que inició su faena también de rodillas. Templado lo toreó con la mano derecha aprovechando la movilidad y nobleza de su oponente. Mejor el toro -soso con calidad y buen fondo- que el torero en esos primeros compases, no terminaba de acoplarse el matador que se aceleró en ocasiones olvidando el ajuste. Faltó rotundidad a la labor de Román que, aunque se mostró voluntarioso en su conjunto, no terminó de entender al buen segundo. Un final tremendista por bernardinas y una estocada en lo alto le hicieron merecedor de una oreja de poco peso. Desentendido salió el tercero de la tarde que no se lo puso fácil a los de plata. Frío y sin fijeza se comportó en las primeras tandas de un José Garrido que poco pudo hacer frente a la falta de entrega del animal. Misma condición ofrecía por el pitón izquierdo el del Puerto, pura mansedumbre la que se apreció desde su salida. Abrevió Garrido y las peñas celebraban la hora de la merienda. Otro mundo.

No era el tipo de toro -en cuanto a seriedad- que gusta en Pamplona «Cuba», el cuarto del Puerto de San Lorenzo que tanto ilusionaba por reata a los aficionados pero al que le faltó trapío y más cara para esta plaza. Sorprendió Ureña yéndose a los medios de rodillas. Algo despegado pero manteniendo el tipo completó una larga tanda que metía a la gente en la faena. Buen pitón derecho tenía el toro que embistió con calidad en la muleta del matador. Asentado y con las ideas claras desde el inicio. Gusto hubo en un cambio de mano mientras toreaba con la mano derecha, también torería en los pases de pecho. De menos a más fue el toreo al natural de Ureña, templado y ligando cada uno de los muletazos. Supo darle distancia al buen toro que tuvo fijeza y humillación en el último tercio. Parecía no enterarse la festiva afición pamplonesa de tal completa actuación, esa que cerró por manoletinas el torero para ejecutar posteriormente un buen volapié. Tanta verdad que el toro le prendió en un feo derrote hiriéndole en la pierna durante la suerte suprema. Tardaba en caer el toro, se resistía a entrar a la enfermería Ureña y, ahora sí, la Plaza emocionada gritaba «¡torero, torero!». Finalmente cayó y la oreja -posiblemente dos si llega a caer pronto- hizo honor a la entrega de un torero que ofreció su sudor y sangre ante un gran toro del Puerto de San Lorenzo. A la enfermería entraba Paco Ureña sobre los brazos de su cuadrilla, sentida la ovación del coso pamplonés a su paso.

Toques de mansedumbre tenía el burraco que hizo de quinto. Frío estaba el ambiente tras la cornada y eso perjudicó a Román para llegar a conectar con el respetable. Tampoco ayudó la ausencia de empuje -no se entregó- del reservón y difícil toro. Por encima del mismo se mostró Román, dispuesto pero sin opción de redondear un triunfo mayor en la tarde de hoy. «Faraón» cerraba la tarde y de rodillas lo recibió Garrido. Mismo inicio empleó en la faena de muleta tras el brindis al público. Algo tardo el toro que ya lo había dejado entre-ver durante su lidia. Pronto entendió Garrido que había que cogerlo más en corto y así lo hizo en el tramo final. Embestía con nobleza el toro que ofreció nulas opciones de triunfo debido a la falta de motor y trasmisión en sus embestidas. Arrimón final para concluir la tarde, sin suerte, del matador. Agridulce el aroma que desprendía la salida del coso de los toreros. Uno de ellos, allí seguía, luchando en la enfermería. Aún resuenan los gritos de «¡torero, torero!».

Plaza de Toros de Pamplona. Fiestas de San Fermín 2018. Lleno en los tendidos. Toros del Puerto de San Lorenzo, desiguales en presencia y deslucido juego. Paco Ureña: palmas y oreja. Román: oreja y silencio. Garrido: silencio y palmas. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS ÁLVAREZ
  • Imagen vía: EMILIO MÉNDEZ 

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