Siete días largos hubo que esperar para volver al coso venteño tras un largo ciclo ferial. No era un día fácil, imagino que para los que se vestían de luces esta tarde tampoco lo era. Dolía el recuerdo de Fandiño, un año ya, un año desde aquella tragedia que tanto dolió al mundo del toro. Un minuto de silencio abrió la tarde en Madrid, una lástima la pobre entrada que hubo. El calor, el fútbol y el postureo de feria, olvidado por tantos, quizás influían.

«Sátiro» abría el festejo, a la defensiva y sin fuerza alguna el de Bohórquez. Las protestas eran unánimes en los tendidos, el Presidente decidió unilateralmente hacer oídos sordos a la invalidez del astado. Injustificada la decisión de mantenerlo en el ruedo haciendo imposible la labor de Fortes, ni una embestida entregada regaló el toro. Un trámite fue el tercio de varas al segundo de la tarde, ni en el primer puyazo se le castigó. Bueno fue el quite de Galdós a pesar del enfado del respetable y gran brega de Sergio Aguilar al noble toro. En eso se quedó todo, nobleza sin fondo ni calidad. Ausente de firmeza Lorenzo que no encontró el sitio delante del deslucido e irregular astado. Mal rumbo llevaba la tarde y parecía que el calor aumentaba por momentos. Otro inválido salió en tercer lugar y sin vergüenza el Presidente lo dejó en el albero. Se calentaba el público y con argumentos claro. Mayor movilidad tuvo en la muleta -en los primeros instantes- y lo aprovechó Galdós con la mano derecha. Despegado pero ligando cada uno de los muletazos el matador. Menos lucimiento tuvo al natural y más descompuesto por ese pitón el de Bohórquez. No insistió más Galdós que dejó una gran estocada que le sirvió para saludar en el tercio tras el arrastre del animal.

«¡Ni para Sevilla», se oía a la salida de «Animoso», sin cara ni fuerza. Otro inválido que se vio desde el capote y otro toro al que no devolvieron a los corrales. Era un insulto al aficionado que paga su entrega para disfrutar de un espectáculo digno. Una falta de respeto. Continuos gritos exigían al Presidente irse del palco. Y de nuevo, Fortes se fue sin opción de torear. Todos salieron perjudicados, la Fiesta pagó por la decisión del palco. Pesado era el quinto y se apreciaba en su morfología. Buenos y limpios detalles dejó a la verónica Álvaro Lorenzo. También lo había intentado, sin éxito, Fortes con su anterior toro. Gazapón en la muleta de Lorenzo el deslucido animal que embistió sin entrega como el resto de la corrida. Le costó poderle al diestro que tan sólo lo consiguió por momentos en el tramo final. Pero el conjunto de la tarde volvió a hacer que la faena pasará sin ton ni son. Pero es que lo visto en el ruedo no era para menos. De atraco gordo a la afición. 

Hasta el mayoral desapareció de su burladero antes de que terminará la corrida y, por lo tanto, el sexto y último toro que pasó desapercibido en los primeros tercios. Le faltó también casta en el último de ellos dificultando el lucimiento de la faena de Galdós. Ni un muletazo a destacar y, por si no era poco, haciendo uso del descabello sin ni siquiera clavar la tizona. No había emoción, no la hubo durante toda la tarde. Para olvidarla y pasar página. No así lo sucedido en el palco venteño que, un día más, evitó favorecer al espectáculo. Para reflexionar y no callar.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). Poco más de un tercio de entrada. Toros de Fermín Bohórquez, inválidos y descastados. Fortes: silencio en ambos. Álvaro Lorenzo: silencio en ambos. Joaquín Galdós: ovación con saludos y silencio. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS / Fotografía vía: @LasVentas 

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