Se resistía a salir el sol también en la penúltima de feria, dos rejoneadores -mano a mano- que se vieron arropados por una gran entrada desde el paseíllo. Andy Cartagena y Diego Ventura, ambos con un concepto del toreo a caballo distinto aunque atractivo para el respetable. Solo podía ganar uno. Así son los duelos. 

A lomos de «Cuco» recibió Andy al primero de Los Espartales. Frío fue el inicio que le sirvió al animal para ir calentándose. Faltó confianza con «Picasso», algo despegado e irregular el toro en sus embestidas. Más firmeza mostró con «Bandera», las acrobacias conectaron con el público, muy en la línea de su concepto. Continuo subiendo el tono de la correcta faena en el tramo final. Misma tónica siguió el torero. Precioso era el Appaloosa, «Pintas», con el que Andy cerró su primera actuación. En cortó le cogió, con el toro más parado. Un pinchazo y otro efectivo, le dieron la primera oreja del festejo. Tumbado el caballo en los medios y continuas miradas del rejoneador pareciesen provocar la concesión del Presidente. Así fue y eso motivó aún más a Ventura que, a pesar de que no se lució en el recibimiento, la «armó gorda» con Nazarí. Hasta una vuelta al ruedo completó con el toro fijó en el caballo, templado totalmente, toreando con la grupa. Parecía no tener fin, los gritos del público reflejaban la importancia de aquello, la efectividad que también tuvo «Importante». Ahí se estaba toreando a caballo, toreando de verdad. Roto el torero y noble el de Los Espartales que permitió el lucimiento y la regularidad del rejoneador. Interesante fue el animal al que Ventura arrancó, de manera rotunda, las dos orejas. Sensacional el torero que entendió al toro desde el inicio y lo cuajó a la perfección, tampoco faltó acierto. La máxima figura del torero, sí me lo permite quien ya sabemos, había vuelto a ofrecer una clase magistral de toreo en la Monumental. Tenía su Puerta Grande, la XVI. Nazarí debía salir con él… Quien quiera, que lo entienda.

«Frascuelo» hizo de tercero, suelto, manseando y sin obedecer a los toques. Incompresible la petición para devolver al toro, quizás la falta de experiencia de los mismos, no les permitía entender que esa era una condición posible en estos animales. No rompía el astado que, sin embargo, apretaba a Andy cuando le cogía de cerca. Tiró de recursos el rejoneador que puso todos los palos en lo alto y sin fallos. Destacó al violín el jinete que completó los mejores momentos con sus ya tradicionales acrobacias, así como levantando a «Luminoso» en varias ocasiones. No terminó de acertar en la suerte suprema a pesar de que clavó el rejón de muerte en el primer intento. Minoritaria fue la petición y en saludos quedó la faena. Más espectacular que lúcida. A porta gayola lo recibió Ventura al cuarto, garrocha en mano, pero el de Los Espartales no le acompañó. No le importó, «Fino» puso patas arriba los tendidos al quiebro. Ajustados y en el sitio los palos, con torería los giros hacia los adentros. Movilidad y nobleza tuvo «Biemplantao» que, aunque no lo puso fácil en el par a dos manos, permitió que Ventura volviera a dejar una actuación sobresaliente a caballo. Quizás ese par a dos manos sin cabezada -con Dólar- fue el motivo de la inexplicable petición y concesión de rabo al rejoneador. Ese trofeo que premia la perfección y que, en esta ocasión, lo hizo con una gran faena que no alcanzó tales límites. Lloraba Ventura que gozó con una vuelta al ruedo de ensueño para cualquier torero. Difícil papeleta la que tenía Andy con el tercer y último toro de su lote. Otra faena con regularidad y correcta en formas. «Cuco», «Apolo» y «Cupido» fueron los artífices de la misma, los encargados de aprovechar la nobleza de otro toro con opciones al que le faltó algo más de trasmisión. Tardó en caer el animal que no le impidió cortar la oreja que le abría la Puerta Grande.

Salía Ventura con un galope firme, no le valía con el -excesivo- rabo, sino que quiso aumentar lo hecho en la tarde. Directo a toriles se fue según vio salir a «Cantino». Ese rejón de salida sirvió para comprobar que el respetable estaba de lleno con el torero. Y más lo estuvo tras la actuación de «Nazarí», entregados torero y caballo para ejecutar dos soberbios palos en lo alto. Desde tablas a los medios se fue Ventura para dejar el segundo de ellos. Firme, ¡raza de figura! Historia la que estaba marcando Ventura hoy en Madrid. Cátedra había asentado. Volvió a templarlo con la grupa, exagerado «Nazarí» y gran toro el de Los Espartales. Fijeza y prontitud ofreció en su conjunto. «Lío» quería liarla y lo hizo. Al quiebro, ajustando el embroque. De principio a fin lo cuajó el torero. Gritos de ¡torero, torero! antes de cambiar de caballo. Ventura quiso que la ovación fuera también para él. Y así lo hizo Madrid. Emocionante fue el gesto que tuvo el torero al escuchar un «¡viva España!» antes de ejecutar la suerte suprema. Aplaudió y la plaza se volcó aún más si cabe con él. No acertó a la primera y ese fallo le privó del segundo trofeo. Eso sí, no tiró la toalla y antes de descabellar, se bajó del caballo para ejecutar varios muletazos, acompañados por un molinete final. Cinco orejas, un rabo, la historia del toreo a caballo.

Un apartado en mayúsculas para la Tauromaquia en Madrid. La afición, rota con ambos rejoneadores, los aupó al cielo de su ciudad entre emocionantes gritos y aplausos. Una tarde triunfal de las que hacen afición pero en la que faltó exigencia en el palco. Un día más sin criterio y dando argumentos a los que piden ceses y cambios en la Presidencia madrileña.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). 33ª de la Feria de San Isidro 2018. Casi lleno en los tendidos. Toros de Los Espartales, de buen juego en líneas generales. Andy Cartagena: oreja, ovación con saludos y oreja. Diego Ventura: dos orejas, dos orejas y rabo y oreja. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS / Fotografía vía: LAS VENTAS (@LasVentas)

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