En la vigesimoquinta de abono se lidiarían cinco toros de Victoriano del Río y uno de Cortés, era la tercera tarde de la ganadería de Victoriano del Río y como en las otras ocasiones, los astados se desgastaban en los primeros compases de la muleta sin dejar que la faena tomara vuelo. Hoy hacían el paseíllo Sebastián Castella, que se despedía de la feria con esfuerzo y tres orejas, a pesar de no tocar pelo en la tarde; José María Manzanares, con buenas faenas y estocadas pero sin premio por la poca casta de su lote; y Cayetano, por encima de las posibilidades de sus toros, estuvo a las puertas de atravesar los arcos de la calle de Alcalá.

El primero en salir de chiqueros fue “Epicentro”, al que saludó Castella con unos capotazos medidos encaminando su embestida. Sin brindar la muerte del animal empezó por estatuarios continuando genuflexo, llevándole por abajo, pero este se quedaba corto y frenándose sin seguir el pase. Le tocaba la muleta, consecuencia de sus salidas sin humillar, las manos por arriba y los derrotes secos. Más de media faena sin encontrar la bravura del toro, que rápidamente se desentendió dejando meras embestidas defensivas. El astado sin raza llevó al francés a sus terrenos teniendo que torearle en tablas, sin más opciones Castella decidió darle la suerte suprema enterrando el acero en el tercer intento, pues derrotaba y cabeceaba dificultando la labor del matador. “Duermevelas”, el segundo de Castella, lo recibió descalzo -por el percance de días anteriores- intentando fijarle la embestida. Inicio la faena esperándole por estatuarios en los medios, al que después aunque con movilidad y galopando le costaba ir al encuentro de la muleta. Con un pase en redondo y cambio de mano la faena calaba en los tendidos, lo hizo despacio y  con la mano caída, ayudado de la embestida con transmisión del animal. Ligó los muletazos manteniendo el engaño en el hocico obligándole a lindar el albero, aún así las fuerzas del animal empezaban a escasear, pero Castella siguió en su empeño de sacar provecho de “Duermevelas”, que ya no tenía la misma capacidad de empuje que al principio. Cerró su lote con un pinchazo, dos avisos, media estocada escasa y algo trasera.

Manzanares recibía a “Azor”, un toro en el límite de edad para la lidia. El saludo capotero se limitó a frenar y fijar su atención sobre la tela, ya que salía suelto. Después de recibir la puya no mejoraba, no humillaba y manseaba. Los primeros muletazos dejaban apreciar la humillación del animal en los vuelos del engaño, dando paso a las primeras series con la mano derecha, dejando la muleta caída para que el animal solo tuviera que seguir la franela. Manzanares le daba tiempo buscando la colocación más precisa, dosificando las fuerzas de “Azor”, pero al igual que el anterior mantenía su querencia a tablas ignorando el toque del diestro. Sin alargar más la faena dejó media estocada en la que degolló al animal poniendo fin a un toro manso y encastado. “Caminero” fue el quinto de la tarde, el mismo que quedó prendido del capote de Manzanares colocando bien la cara. En la muleta el animal tranqueaba sin llegar a culminar los pases. Con la mano derecha, el alicantino le tendió el engaño por abajo obteniendo como resultado que el animal humillara colocando la cara y planeando en la franela. Como siempre el toreo despacio y con respiros permitía al toro dosificar sus fuerzas, pero cada vez se quedaba más corto y le costaba más entrar y con ello encontrar ligazón en los naturales. A Caminero le faltaba fuerza, expresión y empuje, obligando a Manzanares concluir su lidia con una estocada que parecía ser bastante efectiva.

El primero del lote de Cayetano tenía el hierro del Cortés, al que esperó hasta que decidió encelarse en su capote, pero sin demasiado éxito. Sentado en el estribo barriendo a dos manos el lomo del animal, fue el inicio de faena elegido por Cayetano, parecía que el toro mantenía la movilidad y reavivaba la expectación. Con distancias cortas, la mano baja y series controladas de 3 exprimió el potencial del astado, a pesar de que este dejara la cara arriba sin colocarla. Este último tercio daría en tablas los últimos coletazos, siendo en esta ocasión el torero quien se impusiera consiguiendo domeñar la embestida a un animal sin excesiva calidad. La suerte fue ejecutada con exactitud y susto incluido, ya  que este se arrancó después de haber hundido el acero. Tras recibir la oreja sopesó durante unos instantes si recogerla o no, pues la plaza no se mostraba del todo de acuerdo con el trofeo. Al último de la tarde “Soleares” Cayetano decidió recibirle frente a chiqueros a porta gayola, para después seguir con algún que otro capotazo de rodillas. Continúo con chicuelinas al paso para dejarlo enfrontilado con el caballo. Cayetano quería Puerta Grande y realizó el quite de ronda para seguir por verónicas y concluir rematando con una media. Volvía a empezar la faena de rodillas dándole el pecho a “Soleares”, para después sacarle de su querencia a tablas con muletazos lentos y caídos. El maestro pedía tranquilidad, ya que era muy difícil ligar los muletazos, viéndose obligado a cruzarse para que el animal entrara al trapo. El toro continuaba suelto y con querencia, pero Cayetano puso mucho de su parte por llevarle por abajo y que este luciera, sin más dilación lo situó en suertes y depositó un estoconazo con el que tardaría en doblar.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). 25° de la Feria de San Isidro 2018. Cartel de No Hay Billetes. Toros de Victoriano del Río y Cortés, yendo a menos quedándose sin fuerza. Sebastián Castella: silencio y un aviso, ovación y dos avisos. José María Manzanares: silencio en ambos. Cayetano: oreja y ovación.

  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ / Fotografía vía: @LasVentas

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