La corrida de las nacionalidades con la ganadería de El Pilar suscitaba expectación, con seis estilos y procedencias diferentes, Francia, Colombia, España, Perú, México y Venezuela. No todos los astados dieron opciones y los que las tuvieron no fueron aprovechadas por los diestros, que no midieron ni dosificaron la resistencia de los animales, perdiendo en pocas tandas el interés en la muleta. El festejo dejó buenas sensaciones con Luis David Adame, quien reafirmó su triunfo, también reflejó la vergüenza torera de Luis Bolívar y Jesús Enrique Colombo, así como el desacierto con el acero de Juan Bautista, Juan del Álamo y Joaquín Galdós.

Francia abría la tarde de la mano de Bautista y acompañado de “Dudoso”. Los lances de recibo fueron templados, repetidos y apretados, adquiriendo el celo necesario para el capote. Con los trastos en la mano, realizó los primeros pases de tanteo dejando la muleta abajo, para después intentar realizar una tanda por el pitón izquierdo sin éxito. Sin embargo, a pesar de que humillaba, este no mostraba una embestida uniforme, además del escaso recorrido quedándose corto por ambos pitones. El astado no facilitó la labor al francés, que no tardaría en cambiar la ayuda por la espada, para que después de dos pinchazos y uno hondo concluyera con un único golpe de verduguillo certero.

Bolívar recibió en su capote a “Jacobo”, que entró levantando las manos aunque repitiendo y humillando en los vuelos, dándole espacio y sacándole a los medios. El colombiano inició genuflexo siendo prendido por unos pitones que viajaron cerca de la cara, pecho y espalda. Se repuso y siguió con naturales de calidad, en los que con los extremos de la franela daba continuidad y longitud al animal, buscando así su salida.  “Jacobo” media bien las distancias y no se centraba en el engaño, razón por la que Bolívar optó por dejárselo en la cara. Buscó la faena ideal por ambos pitones, pero el toro daba pocas posibilidades para el triunfo, exigiendo al maestro la dedicación exclusiva a guiar la embestida. Un acero desprendido y bajo acabó con el segundo de la tarde.

El representante español sería Juan del Álamo, quien en los primeros vuelos del capote estructuró la embestida, a lo que el toro respondió colocando bien la cara, humillando y redimiendo su salida con las manos por delante. El español también empezó genuflexo, definiendo la embestida, alargando los muletazos y sacándolo a los medios. Consiguió unas extraordinarias series con una media distancia, dejando el engaño abajo, ligando los naturales y terminando de fijar la embestida. “Liebrez” transmitió al público venteño, aunque no tardaría en venirse a menos, perdiendo recorrido e interés. Sin lances de cierre, dos pinchazos, un aviso y algo más de media estocada algo caída dobló sobre el ruedo.

“Campanero” se redimió en el saludo capotero del peruano Joaquín Galdós, que continuaría dejando sus lucidas verónicas en los tercios posteriores. Comenzó con la muleta flexionando rodillas y conduciendo al astado por abajo logró calar en los tendidos. Realizó unos compases templados, suaves y lentos que llevarían a la construcción de una faena ligada. El peruano supo darle tiempo y distancia al animal, dosificando así su embestida, quizá el galope continuo y la sosería derrochada en la entrada de la franela, dejó sin posibilidades al joven Galdós, sin conseguir que este último tercio tomara vuelo. Tras grandes complicaciones para terminar con “Campanero” -cinco intentos, dos avisos y un golpe certero de descabello- se daba paso al quinto de la tarde.

“Cotidiano” le correspondía al mediano de los Adame, quien la recibió por verónicas y chicuelinas dejando la variedad capotera propia de México. Decidido y con el engaño en la mano lo sacó a los medios para evitar su querencia a tablas. Le tocaría domeñar su embestida, pues tenía fijeza pero no humillaba, llevando la cara a media altura. Sería en la tercera tanda, cuando ambos se compenetraron, el torero supo dejarle la muleta en la cara, buscando el pitón contrario y ligando los muletazos, mientras “Cotidiano” empezó a meter la cara dejándose llevar. Al final el toro se vio superado por Adame, desentendiéndose de su toque y franela. Sus últimos lances serían por manoletinas para dejar una estocada entera, tendida y contraria con el que el animal doblaría.

Colombo cerraría el festejo con “Medicillo”, recibiéndole con una doble larga farolada, para después continuar templándolo, compensando así la tarde del día anterior. Como de costumbre el colombiano ejecutó el tercio de banderillas, dejando cuatro pares para enmendar el error cometido en el tercero. Estático y genuflexo inició el último tercio, para continuar en los medios bajándole la mano, pero sin evitar que le tocara la muleta. Esto obligó al matador a bajar aún más el engaño, consiguiendo que el toro humillara pero soltando la cara arriba, causa del derrote seco que le pegó en la cara dejándole inconsciente por unos instantes. Por el pitón derecho mostraba una embestida ordenada y continua, siguiendo la muleta sin necesidad de dejársela en la cara. Tras un aviso Colombo situó al toro en suerte contraria para dejar una estocada entera algo tendida y trasera, pero suficiente para que el toro cayera y se pusiera fin a la tarde.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). 24° de la Feria de San Isidro 2018. 2/3 de entrada, algo más de media plaza. Toros de El Pilar, desiguales y con oportunidades. Juan Bautista: silencio. Luis Bolívar: aviso y silencio. Juan del Álamo: aviso y silencio. Joaquín Galdós: dos avisos y silencio. Luis David Adame: petición de oreja que se queda en vuelta al ruedo. Jesús Enrique Colombo: aviso y petición de oreja reducida a una vuelta al ruedo.

  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ / Fotografía vía: @LasVentas

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