Mismo hierro y mismo protagonista. Ponce regrasaba a Madrid tras su salida a hombros del pasado año, cortando dos orejas a una gran corrida de Domingo Hernández. Quizás ese fue el aliciente para acabar con los billetes desde días antes al festejo.

Abría la tarde «Fanfarrón» que derribó al caballo -con genio- en el primer encuentro y cogido por hilos se cambió el tercio. Era el toro de su confirmación y Colombo no desperdició el tercio de banderillas, eficaz y dejando un buen par saliendo de tablas. Lo previsto se hizo realidad, descastado y sin fondo el primero de Garcigrande que no se entregó desde su salida. Poco pudo hacer Colombo, desconfiado, pero con rotundidad -a la segunda- con la espada. Descoordinado salió el segundo y uno de Valdefresno lo «sustituyó». No tuvo el mejor inicio, pero que bien lo bregó Mariano de la Viña, intentando que el animal rompiera. Podía valerle a Ponce, manso y sin excesivas complicaciones. Cerca del seis arrancó la faena, doblándose con él desde la primera tanda. No pudo redondearla, si lo hizo con las que la prosiguieron. Sin bajar la mano al astado, toreando en redondo. Bailando enroscado. El viento no lo ponía fácil y los gestos del matador lo reflejaban. Un enganchón en una profunda tanda de naturales evitaba que la faena siguiera en aumento. Abajo se vino el toro y a por la espada se fue Ponce. Algo caída pero efectiva que le sirvió para saludar. Más serio era el manso que hizo de tercero, respondió con chispa cuando le apretó por abajo. Mucha distancia le dio el diestro francés que no supo corregir el cabeceo del animal. A menos la labor de Castella y más brusco el de Domingo Hernández, con ciertas teclas en el inicio. Sucia fue la faena del de luces y acierto faltó con la tizona.

Buena pelea en varas hizo «Francachelito», segundo del lote de Ponce. Empujó con fijeza en los dos puyazos, con alegría se había arrancado -incluso derribando al varilarguero en el primero de ellos-. Más incierto, aunque con movilidad, en banderillas. No duró, de lo blanco a lo negro cambió el de Garcigrande. Ni humillación ni recorrido tenía el toro y desesperado acabó Ponce. Encima de él, sin lucimiento, pero a parte del público parecía gustarle eso. Hasta los adornos aplaudieron. Alargó el matador sin esperanzas y desprendida volvió a caer la estocada. Otro saludo, más injustificado que el primero, precedía al gran susto de la tarde. Durante el recibimiento con el capote, «Juglar», un castaño abierto de cara, prendió y volteó de manera muy fea a Castella, fuerte paliza la que llevaba el torero. Una venda en el pie y una notable cojera, hacían visible la dureza del percance. Se repuso y con gustó -visiblemente mermado- dejó al toro colocado para ser picado. Brindó al público y de rodillas se fue. Tragó y firme se mostró aguantando rodillas en tierra las nobles y enclasadas embestidas del toro. Buenas fueron las dos primeras tandas, llevando cogido al toro hasta el final del muletazo. Un cambio de mano metía de lleno al público., sin embargo, parecía que se apagaba el toro, tardo por el pitón izquierdo y eso deslució más la faena, menos limpieza hubo al natural. Sin demoras volvió a cambiar de pitón. De arrimón fue el tramo final, ya no tenía toro. Lo puso todo él en la suerte suprema, se tiró a por todas y en lo alto dejó la espada. Cayó el toro y la sensibilidad de Madrid le entregó una Puerta Grande excesiva a Castella. No era una salida a hombros de peso. Un único trofeo hubiera hecho ley al conjunto de una faena meritoria y con una buena estocada de cierre.

Con el sexto y último ya en el ruedo, comenzó la lluvia. Bueno fue el segundo par de Colombo tras un engaño en el tercio y una correcta ejecución dejándoselo llegar. Lo demás, a toro pasado como se diría. Entero estaba el cierra-plaza y de rodillas en los medios se fue el torero. Por los aires salió la muleta hasta en cuatro ocasiones, no estaba metido en la faena Colombo. Suelto pero noble el toro que se fue sin torear al desolladero. Insistió el venezolano con más dudas que firmeza. Solo la espada cumplió en su actuación. Mientras tanto el público esperaba la salida de Castella de la enfermería, no se retrasó y salió a hombros por la Puerta Grande de manera más que generosa. Fría fue la salida. Excesivo fue el triunfo.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). 23° de la Feria de San Isidro 2018. Lleno de No Hay Billetes. Toros de Garcigrande y Domingo Hernández, de desigual presencia y faltos de fondo en la muleta. Enrique Ponce: ovación con saludos en ambos. Sebastian Castella: silencio y dos orejas. Jesús Enrique Colombo: silencio en ambos.

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS / Fotografía vía: LAS VENTAS (@LasVentas)

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