Madrid es Madrid y los gestos sabe reconocerlos. No se si siempre, pero seguro que en la mayoría de las ocasiones lo hace. O trata de hacerlo. «Las figuras no quieren venir a Madrid», se suele decir en los últimos años. Pues bien, Talavante, contrastada figura del toreo, aceptó el reto de volver hoy a Las Ventas en sustitución del lesionado Paco Ureña.

Obligado a saludar tras romperse el paseíllo pudo apreciar el cariño de la exigente pero cercana afición venteña. Pocos minutos tardó en comenzar a llover, típico «chirimiri» vasco que fue creciendo en cuanto a intensidad. Bien picado el primero por Alberto Sandoval, los dos puyazos en el sitio. Algo justo y suelto el de Cuvillo que, sin embargo, parecía querer hacer las cosas bien. Pero la nobleza sin fuerza queda en un «sinsentido». Y más si el torero no le pone la chispa que le falta al animal. Esa emoción que no se vió en el toreo conformista del francés Juan Bautista, tan querido en Francia pero desapercibido en Madrid. En su línea el matador que terminó la faena como la empezó, sin lucimiento.

Interés que sí mostró para hacer el quite a Juan José Trujillo a punto de ser prendido por el segundo de la tarde tras hacerle hilo en banderillas. Venía con ganas Talavante y de nuevo, arrancó por abajo, rodilla en tierra. Aquello iba camino de ser importante, lo confirmó un cambio de mano redondo, relajado. Venció su cuerpo en el muletazo. Encajado continuo toreando, se le veía a gusto. Manso en el caballo pero enclasado y con interés en la muleta el astado. Acortó distancias con la mano izquierda, no le importó, uno a uno lo cuajó al natural. Hasta los pases de pecho tenían profundidad. Y que despacio hizo la suerte suprema, en lo alto cayó. Ahí había torero, torero de los «buenos». Pañuelos blancos inundaron rápidamente los tendidos y dos orejas concedió el Presidente. Algo excesivo ese segundo trofeo, «la virtud está en el punto intermedio» diría un maestro de la filosofía. «Cacareo» hizo honor a su reata, aquel toro de Morante en tierras bilbaínas.

No fue tan agraciado el tercero, devuelto tras una aparente lesión -o falta de fuerzas-. De Conde de Mayalde fue el sobrero, manso y de escasa fuerza. Complicado también, sobre todo cuando tocaba las telas de la muleta. Brusco y «orientado» acabo volteando a López Simón. Más suelto y vertical que otras veces, pareciese reencontrarse con sus mejores versiones en el coso madrileño. Irregular el toro y firme el torero que le costó reponerse del fuerte golpe pero acabó entregándose. Toreó sin excesos ni engaños y frustrado terminó tras pinchar al encuentro en el primer intento. Dolido y entregado se tiró por derecho a la segunda, honró la suerte suprema con la verdad con la que se tiró. Resultó volteado y puso la plaza en pie con el riesgo y la emoción del conjunto. Oreja al esfuerzo de un López Simón que volvió a encontrar su sitio delante del toro. A la salida del cuarto comenzó una nueva tempestad en Las Ventas, y van… Tantos días de lluvia pasaban factura al albero, impracticable estaba mientras la tormenta crecía por momentos. Aún así, no le falto disposición a Juan Bautista. Por encima del noble toro, justo de presencia pero con movilidad y opciones por ambos pitones. Correcto en formas el diestro cerraba su segunda actuación en lo que va de feria. Mientras saludaba en el tercio, aumentaba la incertidumbre por una posible suspensión. Tiro «palante» Talavante, locura de privilegiados. No se conformaba con las dos orejas en su primero, buscó estar a la altura de las circunstancias. Y cumplió, no se le puede recriminar el acople puesto que el albero, o bueno, la piscina, no aportaba estabilidad. Tampoco permitió analizar en condiciones al animal, noble y sin excesivas complicaciones. Poca importancia tuvo ese fallo con la tizona del torero, tenía la Puerta Grande, y Madrid volvió a ovacionarle.

Cerraba la tarde el jabonero sucio -prototipo típico del hierro- y un López Simón mermado pero con ganas de acompañar a Talavante a hombros. No desperdició el quite Bautista que aprovechó para dejar su sello con el capote. Brindis al público de López Simón, que se fue a los medios desde el inicio. Dos tandas confirmaban la vuelta del mejor concepto del espada. Ritmo y regularidad logró ante un buen toro de Cuvillo, que desprendió calidad y buen fondo. Algo acelerado Alberto ligando las tandas pero así es su concepto. Y para gustos, está el toreo. Rotundo con la espada y rotundo cayó el toro. Había reconquistado Madrid. Oreja y una nueva salida a hombros. Otro buen toro, de los grandes, se iba entre el cariño de la afición madrileña. Instantes después, gritos de «¡torero, torero!» acompañaban la emocionante salida a hombros de Talavante y López Simón. El Olimpo de la capital engrandecía a sus héroes. Ambos la miraban a su salida, había sido el día.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). 18ª de la Feria de San Isidro 2018. Rozando el lleno absoluto. Toros de Núñez del Cuvillo, justos de presencia pero interesante comportamiento. Juan Bautista: silencio y ovación con saludos. Alejandro Talavante: dos orejas y ovación con saludos. López Simón: oreja y oreja. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS / Fotografía vía: LAS VENTAS (@LasVentas)

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