Victoriano del Río, una ganadería de nombre y prestigio, dejaba buenas sensaciones para la tarde. Sin embargo, Perera, Talavante y Roca Rey se mantuvieron siempre por encima de unos toros con pocas posibilidades y escasa bravura. Hoy el peruano ha salvado la tarde, arriesgando, con muletazos de calidad y como ya ha dicho en alguna ocasión su apoderado Campuzano, asustando al miedo. Tampoco podemos olvidar los izquierdazos bajos de Perera, que sin opciones vio como se esfumaba el triunfo y su esfuerzo.

El primero de la tarde le correspondía a Miguel Ángel Perera, este llegó suelto y sin repetición en los vuelos del capote, no ocurriría lo mismo en el quite. Con la franela en la mano y el respectivo brindis, sin perder el sitio celó al animal, que se enroscaba sobre el diestro. Con un toreo lento y con series iniciadas desde la distancia consiguió una embestida clara por ambos pitones, en pocas palabras, su experiencia  sirvió para que el toro humillara y metiera bien la cara, aunque sin la casta necesaria para Las Ventas, por lo que no caló en los tendidos. Perera no supo dosificar al animal sometiéndole quizá con exceso por abajo, por lo que no pudo culminar su faena soñada quedándose sin toro. Tras tres pinchazos, un aviso y un golpe de cruceta cayó en tablas. Al igual que en el primero de su lote a Perera le costó captar con el capote la atención de “Quitaluna”, saliendo suelto. En el último tercio el extremeño intentó templar con la mano baja a un toro que colocaba bien la cara, en las series por el pitón izquierdo mostraba mayor empeño y menos cabeceo que por el derecho. Después de dos tandas y unos muletazos templados y con  ritmo, “Quintaluna” mostraba su querencia a las tablas. En esta ocasión, Perera supo medir y colocar bien la mano para no perder al toro, sin éxito, este se rajó. Sin más demora el matador dejó una estocada caída y un segundo descabello definitivo.

Talavante obligó a Cantaor a que estirara el cuello y mostrara en el capote su intención de seguir el engaño con la cara baja. Comenzaba la faena bajo las primeras gotas de lluvia, efectivamente se confirmaban los indicios del capote, pero la muleta sacó otros muchos defectos del toro, como la falta de fuerza y recorrido, a pesar de su fijeza. El de Victoriano no tuvo opciones para el lucimiento. Abreviando la faena, entraría a matar dejando un acero tendido y trasero, lo que le llevaría al descabello, con el que lo intentaría hasta en siete ocasiones. “Entonado”, el quinto de la tarde, le costó fijarse en los lances de recibo de Talavante saliendo con las manos por delante. Con la muleta en la mano, el diestro le bajó el engaño para intentar que este humillara y colocara la cara mínimamente. Ante la falta de bravura y entrega del animal, el de Badajoz tomó los trastos de matar, para después colocarlo en la suerte contraria y dejar media estocada, que no fue suficiente, recurriendo al golpe de verduguillo.

«Navegante» parecía la mejor opción de lo que iba de tarde, repetía, humillaba e incluso Roca Rey le sacaría hasta los medios con sus lances de recibo. Los encuentros en el caballo fueron de lo más destacados, este se empleó, empujando con fuerza y bajando la cara. Con los talones clavados en la arena empezó su faena, consiguió domeñar la bravura del animal para clarificar su embestida. Sin embargo, el toro tenía una ligera tendencia a recular sobre el albero, lo que daba señal de mansedumbre. Parecía que daría más opciones para el peruano, pero su bravura cayó en picado, pues derrochaba genio pero nada de calidad en la muleta. En la suerte suprema después de un pinchazo, un acero que entró hasta dentro y un descabello, el animal rindió. Salía “Distante” con el que Roca Rey se despediría de la plaza madrileña. Desde los medios se dispuso con el capote para intentar encelarle y encaminar su embestida. En la faena de nuevo comenzaría por estatuarios muy arriesgados, consiguiendo la atención de los tendidos; después le citaría de lejos entrando en la muleta con la cara baja y embistiendo; la tercera serie fue una de las mejores, llevando al toro a media altura para evitar que una vez más perdiera las manos. Roca Rey derrochó valentía con un animal que al mantenerle la muleta en el morrillo conseguía la continuidad, el peruano no se quedó corto y siguió arriesgando, incluso cayó en la cara el toro, el que sorprendentemente no hizo por él.  Se despidió de la plaza dejando en la muerte suprema un estoconazo en todo lo alto, aunque degollando al toro, estocada por la que el público le otorgaría una oreja.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). 16ª de la Feria de San Isidro 2018. Lleno de «No Hay Billetes». Toros de Victoriano del Río, justos de presencia y escasa bravura, en líneas generales. Miguel Ángel Perera: silencio en ambos. Alejandro Talavante: silencio en ambos. Roca Rey: silencio y oreja. 

  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ / Fotografía vía: LAS VENTAS (@LasVentas)

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