• Redacción vía: DAVID BUSTOS

«Adame somete un bou al carrer», este titular -en El Mundo– levantaba ampollas en parte del sector taurino. Su dueño, o mejor dicho, el responsable de dicha crónica era el conocido periodista Zabala de la Serna quien decidía, quien sabe si de manera precipitada, describir de esa manera la faena del diestro Joselito Adame al quinto toro de Alcurrucén en la corrida del pasado sábado en Las Ventas. Ya en el grueso del escrito continuaba la polémica. Zabala afirmaba «cuando saltó el quinto a la arena, se comprendió pronto que entró a última hora por alguna de las bajas. Feas las hechuras de la bestia. Toro al carrer. Bou de las calles. No quería trato con nadie. Volvía grupas y se volvía al revés. La faena de Joselito derrochó fe. Paciencia y tenacidad. Hasta que no lo metió en la muleta no cejó en su empeño. Sin quitársela de los ojos, cerca de chiqueros. Embebiendo la mansedumbre. Palpitaba un mérito tremendo en todo aquello. En las tres series de encelar y tirar de la osamenta cornuda. De esperarla y provocarla. Y pasaba por allí. Embestir es otra historia». Parecía un comentario de «desprecio» hacia los bous al carrer, a los festejos populares que tanto respeto y admiración tienen hacia el toro. A aquella Tauromaquia antigua que, a día de hoy, es el motor de la Fiesta. 

Sin embargo, hace escasas horas y tras la controversia surgida entre aficionados y las duras palabras del periodista, este pedía disculpas en su cuenta de Twitter. «No tenía la intención de arremeter contra los bous al carrer -de vital importancia en estos tiempos- cuando escribí que este toro por sus hechuras era para las calles, una expresión que viene de lejos (..) Sinceras disculpas a todos los ofendidos», aclaraba Zabala. 

Cierto es que en numerosas ocasiones, los toros durante su evolución y crecimiento desarrollan una morfología que, a veces, no permite a los ganaderos lidiarlos en ciertas plazas, por lo que la mayoría de esas reses se lidian finalmente en las calles. De ahí que el periodista pudiera haber querido expresar que, quizás, no eran las hechuras más propias para el «toro de Madrid», al que tanto se le exige. Sin embargo, más que el contenido, fue la expresión. Podía llevar a la duda, a la mala interpretación. Le honran las disculpas y la aclaración, una explicación a tiempo siempre es mejor que un silencio sospechoso. 


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