Si el toreo es fracaso y triunfo, hoy Juan José Padilla recogió al finalizar el paseíllo todo el cariño de la Monumental de Las Ventas en reconocimiento a una carrera meritoria e incluso admirable. Quizás, una de las ovaciones más grandes que ha recibido en este coso. Era la tarde de su despedida y se notó en su andar. Energía, ganas. Ilusión. Brindó al público y se fue de rodillas al tercio. Aguantó y conectó con el respetable desde la primera tanda. Lo probó por ambos pitones, el toro se movía pero no se entregaba. Nobleza desprendía en cada embestida. Padilla no se atrevió a apretarle, no rompió el toro. Justo de fuerzas el animal, no así su fondo, de buena condición. Deslucida la faena que tan sólo se compuso de muletazos sin ligazón ni trasmisión.

Largo fue el recibimiento de capote de Castella, cierta chispa tenía el de «Jandilla» de salida. Mismo defecto que el «abre plaza», la fuerza. Lo acusó durante toda su lidia, más visible fue en la muleta. Imposible fue la labor del torero francés, sin opciones de lucimiento y con un mal manejo de los aceros. Desprendida cayó la estocada. Sin picar pasó el tercero por el caballo, como se diría, «ni para un análisis» dieron los dos puyazos ejecutados por el picador de la cuadrilla del peruano Andrés Roca Rey. Forzado fue el «tremendista» inicio de faena del diestro. Por encima del animal en todo momento, sin contenido el castaño que hizo de tercero al que le faltó casta, fuerza. Sin emoción, ni motivos alargó su actuación el matador entre las protestas del respetable público.

Suelto salió el cuarto de la tarde, segundo del «Pirata». Derribó al caballo en su primera entrada a pesar de que el picador movió bien al caballo. En su línea se mostró Padilla con los palos, dispuesto aunque algo falto de ajuste. Brusco fue en la muleta el astado, no se lo puso fácil a Padilla. Sin confiarse ni poder al complicado animal. Tampoco acertó con la espada, falló y resultó silenciado. Deslucido fue el tercio de varas al quinto, rota acabó la puya en el segundo encuentro y el picador continuó con la vara en el lomo del animal. Fuertes protestas para el varilarguero, mientras Castella intentaba lucirse capote en mano. Por cambiados en los medios arrancó el torero, continuo por el derecho. Buen pitón tenía el toro, trasmitía y Castella quiso aprovechar el ritmo del toro. Algo acelerado, despegado, pero aquello tenía emoción. Interesante el de «Jandilla» también por el izquierdo, le faltó fijeza en el final de algunos muletazos. Ciertos altibajos tuvo la actuación de Castella, perdió los trastos en una ocasión y el toro resultó más parado en el tramo final. Faena «encimista», en la que el francés mostró ganas pero no encontró la rotundidad. Ambiente enrarecido el que había en los tendidos y oreja de escaso peso la que se le concedió al de luces. Pitos y protestas, otros palmas y ovación, no había unanimidad. Para gustos los colores pero la petición hizo cumplir el reglamento.

No iba a quedarse atrás el peruano, al menos, ganas no le iban a faltar. Manseaba el toro que salía suelto de cada muletazo, muy deslucido y complicado para conectar con el respetable. En tablas se aquerenció y allí lo toreó Andrés. Aprovechó las escasas opciones que el de Jandilla le ofreció, siendo imposible mantener la regularidad necesaria. Esfuerzo del joven torero que cerró la tarde con manoletinas y una estocada que acabó con el toro en escasos segundos. Se iba la tarde, de expectación pero decepción. Mal comienzo de temporada para una ganadería de interés en el panorama nacional e internacional. 

Plaza de Toros de Las Ventas (M). 11ª de la Feria de San Isidro. Tarde de «No Hay Billetes». Toros de Jandilla, de decepcionante juego y escasa fuerza. Juan José Padilla: silencio en ambos. Sebastian Castella: silencio y oreja. Roca Rey: silencio y ovación con saludos. 

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS / Fotografía vía: LAS VENTAS (@LasVentas) 

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