«Ombú» de nombre, jabonero de capa. Seria era su expresión, bravo su comportamiento. Bello, porque no decirlo también. Cierto es que Juan Pedro no ha obtenido una regularidad en cuanto a triunfos en el coso madrileño pero, ayer, a pesar de que el conjunto pecó de escasas fuerzas y motor, lidió un gran toro que hizo de tercero y le correspondió a un voluntarioso y dispuesto Luis David Adame -le cortaría una oreja-.

Desde su salida al albero venteño se movió con ritmo, metiendo bien la cara en los vuelos del capote. Quiso empujar en el caballo pero no se le lució, incluso a penas se le picó en la segunda entrada, pero el toro quiso hacer las cosas bien en el peto. También en banderillas, buen tranco tenía el «juanpedro» que mantuvo esa movilidad y chispa hasta el último tercio. Dicen que fue el prototipo de «toro moderno», el ideal para el torero.

Sin embargo, no era fácil. Exigía y la notable codicia del animal obligaba al diestro a responder con claridad y prontitud. Embistió con humillación -algo menos por el izquierdo-, trasmisión y gran clase en la muleta. Sacó fondo, casta, que le permitió aguantar hasta el final. Sin ir a menos. Al revés, aguantó y convenció. Una ovación rotunda le homenajeaba en el arrastre, se iba un toro bravo. Y que mejor recompensa que el reconocimiento de los aficionados. Preocupantes fueron varios gritos escuchados cuando el matador se disponía a ejecutar la suerte suprema. «¡No lo mates!», afirmaban. Ese no es el camino. El indulto no es la recompensa a un buen toro, si no, al toro excepcionalmente sobresaliente. «Ombú» puso cara la feria isidril en el aspecto ganadero, y como bravo será recordado. Mis felicitaciones al ganadero y mayoral, sus criadores. 

  • Artículo vía: DAVID BUSTOS / Fotografía vía: @LASVENTAS (@LasVentas)

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