Que la Tauromaquia es emoción y verdad nadie puede discutirlo, ni el más ‘antitaurino’ existente. En caso contrario, estaría mintiendo y la Fiesta de los Toros es todo lo contrario: verdad, sinceridad. Un ‘ir y venir’ entre la vida y la muerte, entre la gloria y el fracaso. Y si no que se lo digan a Javier Cortés, que pagó cara su entrega, pero puso a los tendidos venteños los pelos de punta. Heroicidad se llama. Superación. Demostró que en el siglo XXI los héroes sí existen. Son ellos. Los toreros que se juegan día a día su vida. La exponen y ofrecen al protagonista indiscutible de la Tauromaquia: el Toro de lidia.

Una oreja, o dos, quien sabe cual era el premio merecido, pero independientemente de este, lo cierto es que Javier Cortés generó una emoción difícil de olvidar en Las Ventas. Madrid es Madrid, una plaza complicada para cualquier torero, por ello, cuando estos se entregan y un toro lo hace al mismo tiempo, la Monumental se rinde a ellos. El espectáculo se llena de magia y el corazón de todos los allí presentes se para por momentos. O se acelera. Así es el toreo, así es la emoción. 

Nadie negará que lo de ayer fue una auténtica Corrida de Toros, un festejo lleno de buen toreo, detalles y ante todo, emoción. La de «El Tajo y La Reina» fue una corrida seria -desigual en cuanto al peso de los animales- y que mantuvo el interés en líneas generales. Destacando por encima del resto el primero -exigente, de gran juego en la muleta-, el cuarto -gran pelea en varas, aunque se vino a menos en el último tercio-, y los dos últimos del encierro, ambos encastados y con opciones de triunfo. 

Respecto a la terna actuante, madrileña en su totalidad, destacó por encima del resto la entrega y raza de un torero olvidado por el sistema pero con una capacidad y conocimiento clarividente en los ruedos: Javier Cortés. En su primero, un toro deslucido y falto de regularidad, se mostró firme y por encima del animal, exponiendo y aprovechando las escasas posibilidades que este le ofreció., sin embargo, el quinto no era un toro fácil. Sí interesante, encastado. No perdonó el mínimo descuido y prendió al torero, que sufrió una fuerte cornada -de 20cm, según el parte médico-. A pesar de ello, continuó delante de la res, más natural y entregado si cabe. Faena corta, pero sentida, sin engaños ni excesos. Todo fue sentimiento, lo sometió y toreo a placer por momentos. Raza y casta de torero sacó Cortés que, a pesar de dejar una estocada defectuosa, cortó una oreja de peso con petición de la segunda. No pudo recogerla, pronto podrá disfrutarla. Tal y como pudo apreciar el calor, la fuerza y el reconocimiento de una plaza puesta en pie, volcada con él. El sol y la sombra, la grada y la andanada. Javier Cortés había emocionado a Madrid, y Madrid se entregó a él. Le espera, lo esperamos. 

Iván Vicente, por su parte, dejó un buen sabor de boca a los aficionados venteños. Se mostró rotundo y firme tanto con el capote como con la tizona. Además, a su primer toro, lo toreó con gusto y relajado -no acabó de romper la faena al completo-, dando una vuelta al ruedo, tras petición del respetable. En su segundo, la poca duración y brusquedad del astado imposibilitó el lucimiento del de luces. 

Si las apuestas son de valientes, lo de Gonzalo Caballero de ayer no era para menos. Tras sus atrevidas declaraciones contra la empresa de Madrid en la gala de presentación de San Isidro, es evidente que había un ambiente de incertidumbre. Aquello podía ser clave para el desarrollo de su temporada, y quizás, lo sea. No tuvo suerte, y es que a pesar de que se mostró correcto con su primer toro, este no tuvo trasmisión en sus embestidas. Tampoco se vio favorecido en el sexto y último del festejo, animal que le volteó de manera muy fea y, además, le propinó una cornada en el muslo -en torno a 5cm-. De nuevo, la superación y el valor propio de los héroes, le hizo salir a dar muerte a su correspondiente astado. Toreo muy mermado y no conectó con los tendidos. Falló en ambas ocasiones con la espada, quien sabe si influido por la presión de la tarde o la dureza de este mundo. El caso es que abandonó el albero entre palmas con un gesto de dolor y desasosiego.

  • Crónica vía: DAVID BUSTOS / Fotografía vía: @LasVentas 

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