La vida es luchar, creer y vencer, caer sin rendirse. Soñar y hacer soñar, mirar hacia atrás y pensar “¡lo he logrado, he vencido!”. Porque cuando menos lo esperas, ahí está. Lo consigues. Logras ese triunfo que tanto deseabas. Ansiabas. La Fiesta es así, tan auténtica como inesperada. Paciencia recompensada con la gloria, la gloria del toreo. Una sonrisa, una mirada, que refleja una historia. Días y días de sufrimiento. De esfuerzo. Años buscando un objetivo, una meta. Soñando con transformarla en realidad. Y a veces, los sueños se cumplen… Tan joven como maduro. Sincero. Álvaro Lorenzo soñó e hizo soñar a Madrid. La conquistó y, ella, tan mágica como complicada, se rindió a él. Tres orejas, con importancia y peso, fueron los premios que el diestro obtuvo tras lidiar y estoquear dos interesantes astados de «El Torero». Inevitable recordar ese sexto toro, excepcional en el tercio de muleta, que fue recompensado con la vuelta al ruedo mientras muchos de los allí presentes se disponían a desplazarse hasta la deseada Puerta Grande de Las Ventas. Hoy, tenía un nombre. Era suya. Merecido e ilusionante triunfo. 

Por estatuarios, en el tercio, comenzó Álvaro Lorenzo su faena al sexto y último de la tarde. Se sintió y gustó el joven torero que ya había cortado un trofeo en su anterior toro. Hasta dos tandas por el derecho, con contenido, limpias. Despertaron de nuevo al respetable. Humillaba el de «El Torero», con clase y ritmo. Lo entendió bien Lorenzo, que lo cuajó con firmeza al natural. Cerró con la mano izquierda, ejecutando muletazos ligados y templados. Con profundidad. Rotunda esa última tanda, la guinda de una obra perfecta. La conexión era absoluta, así como emocionantes fueron los ayudados por abajo, que pusieron fin a su enorme actuación. La plaza en pie, la emoción de un espectáculo único. Toreo puro, entregado. El público y el torero, soñando con ese momento, con ese final. Cayó el toro tras una estocada entera y de correcta colocación. Dos orejas y vuelta al ruedo para el animal. Triunfó el toreo, triunfó la Fiesta. Ya lo había dejado entre-ver en el tercer toro, no era una tarde cualquiera. Era su tarde. Doblándose con él arrancó la faena. Le exigió y el toro respondía con cierta chispa. Protestaba por el pitón derecho al final del muletazo. Pronto y de mejor condición fue el izquierdo. Por ese humillaba el animal. Álvaro basó su faena en la mano izquierda, faltándole limpieza en algunos momentos. En otros, supo mandar las embestidas. Poderle. Voluntarioso durante el conjunto de la corrida, cerró su actuación con unas ajustadas manoletinas. 

Con un traje similar -quién sabe si el mismo- al de su reaparición triunfal en Las Ventas, David Mora volvió a esta plaza que tantos momentos, buenos y malos, le ha dado. En su primero -de un variado lote- Ángel Otero volvió a levantar al público venteño de los asientos. Dos pares, sobre todo el segundo de ellos, en la cara. Con verdad, sin engaños. Ovación sentida desde el tercio. Comenzó la faena por el derecho, pero le costaba al animal aguantar el ritmo de las tandas. Tenía prontitud, cierta nobleza. A pesar de ello, faltó recorrido. Fuerza. David Mora le exigió por encima de sus posibilidades en algunos instantes. Le probó por el izquierdo, sin llegar a conectar en demasía con la exigente afición madrileña. Resultó prendido al entrar a matar, momentos de tensión se vivieron., sin embargo, la cuadrilla rápida al quite, evitó un percance mayor. Un aviso y silencio consecuencia del efecto tardío de la estocada. El cuarto fue un «mundo». Manso desde los primeros tercios. Muy complicado el toro, que se encontró con un firme David Mora. Lo consiguió meter por momentos al animal en la muleta. Como si se tratase de una comedia, el torero se vio obligado a acudir detrás de la res en el final de cada muletazo. No se dejaba, por ambos pitones buscaba la salida. La escapatoria. Intentaba evitarlo el diestro. Faena de esfuerzo, más que de lucimiento. Cada muletazo era un «milagro». Estocada efectiva, leve petición y vuelta al ruedo que recompensa la disposición del matador.

Sin ton ni son, de largo, paso Daniel Luque por Madrid. Tras cortar una oreja el pasado mes de octubre, en la corrida de La Hispanidad, el torero se fue de vacío tras dar muerte a dos toros que ofrecieron opciones, dentro de sus matices y defectos. La espada -falló con ella en ambas faenas- terminó de deslucir aquello, no hubo emoción. Ni en las respectivas faenas ni en la actitud del matador. Fue silenciado en ambos toros. 

Plaza de Toros de Las Ventas (M). Domingo de Resurrección. Casi 2/4 de entrada. Corrida de «El Torero», de interesante y buen juego en líneas generales. David Mora: palmas tras aviso y vuelta al ruedo tras petición.  Daniel Luque: silencio en ambos. Álvaro Lorenzo: oreja y dos orejas.

  • Crónica vía: #DavidBustos.
  • Fotografía vía: @LasVentas 

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