Amanecía Ajalvir con un sentimiento especial, la ilusión de comenzar su feria un año más. El frío, «compañero inseparable» de esta preciosa localidad madrileña, no faltó a su cita. Así como tampoco lo hicieron los cientos de aficionados que estuvieron presentes y repartidos tanto por el recorrido establecido para el encierro como por la Plaza de Toros.

Mientras terminaban de llegar los últimos «rezagados», una «señora» corrida de toros del ganadero Antonio López Gibaja, esperaba para protagonizar el festejo matinal. De uno en uno, arropados por los mansos, completaron las seis carreras correspondientes (rápidas, en líneas generales). Aparentemente, no hubo ningún herido de gravedad durante las mismas, tan sólo destacar alguna caída en la plaza (consecuencia del mal estado del albero, en una parte de esta). 

Sin embargo, pudimos presenciar varios momentos de tensión durante el encierro. El primero de ellos durante la llegada al coso del segundo toro de la mañana, que golpeó y dañó la puerta de toriles, obligando a su posterior arreglo, antes de continuar la suelta. En segundo lugar, uno de los bueyes puso en peligro a más de un participante, con sus sorprendentes arrancadas, tras quedar rezagado del resto de la manada de cabestros (carrera peligrosa, debido a que los mozos completaron el último tramo del recorrido, con un buey en la plaza). Por último, cabe destacar la gran labor de los «pastores» del encierro ayudando a enchiquerar, con la mayor rapidez posible, a los animales. Estos serán lidiados en unos minutos por los diestros Sánchez Vara, Joselillo y David Galván.

  • Crónica y fotografías vía: #DavidBustos. 

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