Concluyó la sexagésima tercera feria taurina de Manizales, con muchos matices. Unos francamente buenos y otros que ofenden a la Tauromaquia. Durante siete días tuvieron lugar ese mismo número de festejos. Salieron al albero cuarenta y cuatro cornúpetas, que lidiaron dieciocho alternantes. Indultando dos toros. La Lluvia torrencial, las lloviznas y el candente sol fueron algunos de los ambientes que acompañaron la Feria. Cuatro cogidas, ninguna con consecuencias graves. La industria licorera de Caldas tuvo una gran presencia dentro y en los alrededores de la plaza con sus marcas de aguardiente Cristal y Ron Viejo de Caldas. Un agradecimiento especial a esta importante empresa que se interesa de manera notable por nuestra Fiesta. Por otra parte, la organización de la plaza, en esta edición, no fue tan buena como en ediciones pasadas. El sonido especialmente resaltó por la mala amplificación. La banda estuvo magnífica hasta que les dio por poner un tenor a cantar los pasodobles.

Empezó la feria con el primer petardo, Dosgutiérrez. Una ganadería de origen caldense que, aunque no lo parezca, acaba de cumplir setenta años criando reses bravas. Un encierro muy mal presentado, en el que salió un único toro que no fue malo, «Autor». Un animal que, al caballo, fue de mero trámite, y al que Bolívar desorejó después de una muy regular faena.

Todo cambió en la segunda corrida de abono, en la que se lidiaron seis toros de perfectas hechuras. Toros de la ganadería de Santa Bárbara que se lidiaron en un cartel internacional. Juan Bautista realizaría en el primer toro lo que sería la mejor faena con la muleta. Templada y sublime fue una tanda por naturales. Parecía entonces que no pudiese haber cosa mejor hecha. El francés se enfrentó a un toro que no fue fácil, al que tuvo que guiarle la embestida. Pinchó y perdió lo que parecía apuntar a rabo, patas y hasta cabeza. En su lugar dio dos aclamadas vueltas al ruedo. Luego Ginés Marín lidió con muy buenas formas a su primer toro. Arrancándole muletazos buenos en varias ocasiones. Ramsés lidió, en su momento, un toro que no le permitió ligar un muletazo con otro. Sin embargo, estuvo francamente bien. Mató al toro con la que sería la mejor espada de la Feria.

La novillada de Achury Viejo presentaría animales con mayor trapío que el de las ganaderías caldenses. La torrencial lluvia opacó cualquier intento que lo alternantes tuviesen para triunfar. Corrida aplazada 46 minutos, para arreglar el ruedo. Bedoya haría lo más importante de la tarde con un par de tandas que llegaron a los tendidos casi de inmediato. Mientras que Fresneda no haría más nada que el ridículo.

Lo de Paispamba lo salvó Román. El valenciano toreó dos toros que le exigieron de principio a fin y que Román supo aprovechar y entender. En su primero cortó dos orejas. Hubiese tenido más importancia con solo una, pero de peso. En su segundo, por la espada, no tocó pelo. Los otros dos alternantes demostraron no estar listos para lidiar. Y menos, toros tan importantes.

El festival benéfico, como la feria, tuvo detalles. Detalles que se vieron opacados por la presentación de los novillos que parecían casi erales. En su turno, Ponce, tocó pelo. Nada importante. Julián López se encontró con un novillo difícil al que no le pudo sacar una tanda buena. Pepe Manrique se fracturó la muñeca derecha. Castella realizó una cátedra de lidia. Toreó muy bien a un novillo que quería cualquier otra cosa menos embestir. Respetó la agonía del bravo toro. Se indultó el novillo que salió en quinto lugar. Novillo que no se cansaba de embestir. Aunque en algunos momentos, quiso irse a la querencia. A Bolívar le dieron dos orejas simbólicas por indultarlo. Roca Rey no hizo mucho con el sexto. Un manso. De caja pequeña que, en cualquier momento, se echaba por la falta de fuerzas.

En la quinta de feria se lidiaron siete toros de Juan Bernardo Caicedo y un sobrero de Santa Bárbara. Dieron juego. Y aunque ligar era difícil, Castella y Arcila ejecutaron un par de tandas buenas en toda la tarde. Tarde muy accidentada y cuestionada, ya que la presidencia devolvió al primer sobrero por manso, justificando en una mala interpretación del artículo 43 del reglamento, que este acepta devolver toros que no permitan el buen desarrollo de la lidia. 

Ya en la quinta y última corrida de Feria, no hubo nada importante, más que la borrachera de la presidencia y algunos tendidos, al conceder seis orejas y un indulto a faenas en las que poca verdad se vio.

A Cormanizales, a la Licorera de Caldas, ganaderos, toreros, aficionados. Por sus aciertos y desaciertos. Mil y mil gracias.

  • Artículo vía: #JuanJoséMonróy (@Juan_pepee)‏
  • Fotografía vía: @cormanizales

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