La premonición de un acontecimiento en Manizales era evidente con la tormenta que se presentaba en la noche del lunes 9 de enero. Algo extraordinario pasaba en el pueblo. El oscuro paisaje venteaba con una fuerza mortal, el anuncio de una tragedia. Amanecía ya entre nubarrones y el pueblo estaba estremecido con la noticia. Andrés de los Ríos no torearía jamás, estaba muerto. Al torero manizaleño lo encontraron en su casa sin despojo alguno de vida. Una cansona llovizna no cesaba. Y no cesó.

Bajo esta situación empezaba la mojada novillada de la Feria de Manizales, en la que actuarían Sebastián Cáqueza, Andrés Bedoya y Santiago Fresneda, para lidiar seis novillos-toros de la ganadería Achury Viejo. Con el pasodoble Feria de Manizales salieron (veintiocho minutos tarde) los alguacilillos. 28 minutos tardaron los grandiosos areneros en poner en óptimas condiciones el ruedo. Seguidamente, la presidencia autorizó un minuto de silencio en honor al torero recién fallecido, junto con la entonación del pasodoble Andrés de los Ríos.

Fue entonces cuando entendí que ese torero al que la vida había golpeado, no volvería a estar frente a un toro.

Entrando en materia, salió el cornúpeta que le correspondía en primer lugar a Cáqueza. Novillero que intentó, con lo que tenía, pegar pases. Pudo entonces ligar una tanda. Nada más. En su segundo, Sebastián se encontró con un novillo que exigía que le sometieran. Pero Cáqueza no lo supo entender.

En segundo lugar, salió «Navegante», una estampa de toro. Le correspondió lidiarlo a Andrés Bedoya. Quien supo administrar la poca fuerza con la que contaba el toro. Realizando un par de ligadas tandas que fueron opacidad por la torrencial lluvia que arrastraba el acerrín que cubría el albero.

Y por último, actuaría el hijo de Gitanillo de América: Santiago Fresneda, haciéndose llamar “Príncipe de América”. Bueno, petardo en mayúsculas. El niño no hacía más que juguetear con el toro, pegar pases al viento y echarse al suelo como última herramienta. En su primero, se enfrentó a la suerte matando con los ojos cerrados dando un brinco encima del novillo. Los tendidos pedían, no se sabía sí vuelta al ruedo u oreja. Le regalaron una oreja. En su segundo, se encontró con un ejemplar que no le permitió juguetear ni hacer pases bobalicones. Cinco entradas a matar tendidísimas. Toro devuelto vivo a los corrales.

Ficha del festejo: Novillada ferial. En torno a media plaza. Novillos-toros de Achury Viejo, impecables en presentación, de buen juego. Cáqueza: Palmas; Silencio. Bedoya: Palmas; Silencio. Fresneda: Oreja; pitos.

  • Crónica vía: @Juan_pepee ‏
  • Fotografía vía: @cormanizales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!