Comencemos con la buena noticia: el casi lleno que se registró en los tendidos de Cañaveralejo ayer. Mucha gente joven queriendo ver el mano a mano entre el torero revelación de los últimos tiempos (Andrés Roca Rey) y el veterano de mil batallas (Enrique Ponce).

Puesto lo anterior de presente, hay que decir que la tarde de ayer en Cali fue decepcionante. Al igual que el día 28, los toros de Cesar Rincón estuvieron marcados por falta de bravura, casta y fuerza. Eso sí, la del día de ayer estaba, en términos generales, correctamente presentada a pesar de las dudosas puntas de los pitones.

Enrique Ponce recibió al primer toro de la tarde con un ramillete de verónicas rematadas con un media de buena factura. Posteriormente en el caballo, el toro acusó toda su falta de bravura y fuerza acobardándose ante el castigo propinado por el varilarguero. Se dolió en banderillas, donde apenas se le pusieron dos pares por petición expresa del torero al palco. A partir de ahí, Ponce se puso la bata de enfermero e hizo una faenita a media altura caracterizada por el desplazamiento del toro hacia afuera. Los oles empezaron a sonar estruendosamente en los graderíos mientras el de Chiva hacia molinetes y demás pases sin ninguna trascendencia. Remató la faena con poncinas y despacho al pastueñito de una buena estocada que fue seguida por una fuerte petición. El palco, generoso como todos los días, sacó los dos pañuelos blancos de un tirón y un absurdo pañuelo azul que nadie le pidió.  

El tercero de la corrida fue devuelto a los corrales tras una monumental bronca del público contra el ganadero. En su lugar, salió un santacolomeño sobrero de Ernesto González, muy en el tipo de esa casa ganadera, aunque anovillado. El toro demostró en los tres tercios de la lidia ser un absoluto marrajo. Cuando todo parecía indicar que el único camino posible era tomar la espada, Ponce dictó una cátedra de conocimiento lidiador. Casi como si fuera un milagro, a punta de temple y mando, obtuvo dos series de imposibles de circulares. Realmente fue como si sacara agua de un pozo seco. Los tendidos de Cañaveralejo explotaron y toda la plaza ovacionó de pie al torero que perdió los trofeos con dos pinchazos y una estocada trasera.

De ahí en adelante no hay mucho que contar. El tercero de Ponce era completamente inválido. Su alternante y ahijado Roca Rey se estrelló con un lote infumable que ni siquiera sirvió para hacer sus habituales alardes de valor. Una auténtica mansada sin ton ni son. Un fracaso ganadero con pocos precedentes: en dos tardes, de trece toros, doce no valieron nada.

Ficha del festejo: Cuarta de feria en Cali. Casi lleno. Se lidiaron toros de Las Ventas del Espíritu Santo, correctos de presentación pero mansos, sin fuerza ni casta. El primero de la tarde fue premiado con vuelta al ruedo. Los demás fueron pitados en el arrastre.  El tercero y quinto fueron devueltos a los corrales. En su lugar salieron dos toros de Ernesto González, anovillados y mansos. Enrique Ponce: estocada (dos orejas); dos pinchazos y estocada trasera (vuelta al ruedo); cuatro pinchazos y estocada trasera (silencio). Andrés Roca Rey: media estocada y dos golpes de descabello (silencio); media estocada (silencio); estocada caída (silencio).

  • Crónica vía: Juan Camilo Caicedo (@jchipi)
  • Fotografía vía: @PlazaTorosCali

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